domingo, 15 de junio de 2014

WILDER MANN. EL HOMBRE SALVAJE EUROPEO

Babugeri,  un hombre salvaje de Bulgaria


Tendemos a pensar en el salvaje como una figura que apareció en nuestro imaginario colectivo a   raiz del contacto de Occidente con otros pueblos, fundamentalmente tras el descubrimiento del Nuevo Mundo. Sin embargo, los estudios del antropólogo mexicano Roger Bartra sobre el mito del salvaje muestran que se trata de un arquetipo con un profundísimo calado histórico. En realidad, la identidad cultural de Grecia, Roma, el mundo cristiano medieval y el Renacimiento pudo definirse gracias a que existía un Otro imaginario, el Salvaje, que servía de referente negativo al hombre civilizado, como un espejo deformante en que este podía mirarse y reconocerse como miembro de su propia sociedad. Bartra evidencia que toda fase del progreso cultural y político en Occidente ha tenido un contrapunto salvaje, que moraba en las fronteras de la civilidad. Esa figura especular del salvaje se ha mantenido inalterable en sus rasgos básicos a lo largo de milenios, mientras que otras de sus características se han ido adaptando a los sucesivos cambios. Esa  identidad sustancial es lo que mantiene vigente la función del mito del salvaje como polo opuesto al hombre civilizado. Nos vamos a ocupar aquí de un momento concreto en esa larguísima trayectoria mítica, el de Wilder Mann, el hombre salvaje de los bosques europeos, examinando los antecedentes históricos que desembocaron en esa figura y profundizando en su increíble pervivencia hasta nuestros días.
1. Los primeros salvajes europeos
Es importante advertir desde el principio que los salvajes descritos por la tradición no se referían a seres reales sino a personajes inventados, creados por la mentalidad popular, que los situaba más allá de los lugares habitados por los hombres. El salvaje ha adoptado a lo largo de la historia una tipología muy variada: los seres mitológicos híbridos, mitad hombre, mitad animal, los anacoretas del desierto y el homo sylvestris medieval, pero también monstruos como Frankenstein, las brujas, las mujeres barbudas y la mujer pantera, o superhéroes oscuros por su naturaleza dual, como Spiderman. Todos ellos, a pesar de sus evidentes diferencias, comparten múltiples elementos comunes: se trata de seres inquietantes, asociales, a medio camino entre el hombre y la bestia y, por ende, inclasificables. Algunos de sus aspectos tenían una consideración  positiva, como sus poderes naturales, mientras que otros constituían una amenaza directa contra el orden establecido.
Hércules vence a un centauro
Los griegos distinguieron netamente entre bárbaros y salvajes. Los primeros eran los pueblos que no hablaban griego y quedaban fuera del ámbito de la polis. En cambio, los salvajes o agrioi formaban parte de la cosmovisión griega pero en la categoría de seres incivilizados. Así ocurría con las ninfas montaraces; las implacables amazonas, que renegaban de su feminidad; los centauros, silenos, sátiros, el minotauro...seres con atributos animales, lascivos y violentos, que habitaban en los lindes de la civilización. Aunque podían dar muestras de bondad, llevaban una vida dominada por los apetitos más bajos, ajena a las convenciones sociales. Ese carácter transgresor se ve bien reflejado en la Odisea. En contraste con Ulises, el hombre social por excelencia, el cíclope Polifemo no respeta la sagrada ley de la hospitalidad; carece de buenas maneras, pues no sabe mezclar el vino puro con agua para evitar emborracharse; y no observa los tabúes más importantes, como la prohibición de comer carne humana. Otros ejemplos muy claros son la hechicera Circe, que transforma a los hombres en cerdos, o la ninfa Calipso, hija del titán Atlas, que egoístamente intenta atar a Ulises a su pasión amorosa, apartándolo de sus altas responsabilidades como esposo, padre y rey de Ítaca. Otro caso serían las bacantes o ménades, que liberaban su lado animal en las orgías dionisíacas y que, en plena ebriedad, mataron y despedazaron al cantor tracio Orfeo.
 En la tradición grecorromana, la naturaleza que amenazaba a la cultura tomaba cuerpo en esos seres salvajes habitantes de los bosques, las montañas y las islas remotas. Para la cosmovisión hebrea, en cambio,  el desierto que circunda las zonas habitables era la naturaleza en retroceso. En su huida dejaba al descubierto un lugar sin leyes, en el que moran las fuerzas del mal, un espacio para el pecado y la locura. Es precisamente en el desierto donde Juan el Bautista y Jesús tuvieron que luchar contra las tentaciones del demonio, como muchos siglos antes lo habían hecho también los israelitas durante su largo camino de vuelta desde Egipto a la Tierra Prometida.
Las tentaciones de san Antonio, vistas por El Bosco
 En la Antigüedad tardía, el desierto o la naturaleza más agreste fueron los escenarios donde los monjes pusieron a prueba su fortaleza moral frente al diablo. Simon el Estilita (s.V) vivió en el desierto de Siria durante 37 años, encaramado a una columna y cubierto solo con sus largos cabellos. Podemos reflexionar sobre su aventura surrealista  a través de la divertida mirada de Buñuel en la película  Simón del desierto de 1965 ( http://vimeo.com/26224452).

Estos ermitaños interiorizaban el desierto como estado anímico, desafiando el modelo de vida social. Resultaban excéntricos por su ascetismo, su frugalidad, su celibato, su descuidado aspecto, desnudos o cubiertos con pieles o con sus propios cabellos y sus pobladas y luengas barbas, su completa soledad rota solo por algún fiel animal. También la imaginería de la Magdalena penitente en el desierto responde a esa figura del salvaje medieval. Pero el pelo en estos personajes  místicos no era un rasgo diabólico sino de santidad, ya que los  protegía frente a los poderes del mal.

2. El salvaje medieval
La transición al salvaje medieval, heredero tanto del modelo grecolatino como del judeo-cristiano, se produjo a través de las leyendas de San Juan Crisóstomo y Merlín. Su enseñanza era que el sabio debía fundir su existencia enteramente con las fuerzas del cosmos, para alcanzar el don profético y adivinatorio. Por otro lado, las mitologías céltica, escandinava y centroeuropea daban cabida a seres animalescos y a espíritus de la vegetación, análogos a los del folklore de la antigüedad clásica. El homo sylvanicus era también un ser mítico, no real. Lo imaginaban muy peludo, agresivo, amoral, con una fuerza sobrehumana, viviendo en el seno de una naturaleza que representaba el espacio ajeno a lo social. No conocía el fuego ni practicaba la agricultura o la ganadería, alimentándose de lo que le proporcionaba la tierra incultivada. Tampoco tenía un lenguaje articulado sino que se expresaba por gestos y miradas vehementes. Como ser libidinoso, se hallaba en abierto contraste con la educación caballeresca, basada en el amor cortés, que sometió el erotismo a reglas. Pero el elemento que mejor definía a los hombres y mujeres  salvajes era que tenían el cuerpo completamente cubierto de vello, salvo en la cara, manos, pies y senos. Con ello se asimilaba el salvaje a animales tales como osos y lobos, con los que  creían que estaba emparentado. Pero, a pesar de su salvajismo, a finales de la Edad Media estos extraños seres comenzaron a representarse en escenas familiares, llevando a cabo tareas domésticas. En ese estadio evolutivo avanzado, la sexualidad descontrolada del salvaje ya se había domesticado mediante el amor conyugal y filial, lo que serviría de conexión con el mito del buen salvaje  en el siglo XVIII.

Pero tenemos que profundizar algo más en los rasgos del salvaje medieval, para comprender cómo ha podido subsistir, hasta hoy en día, en múltiples lugares de la geografía europea. En las representaciones teatrales, procesiones y desfiles de Carnaval, se mostraba a aquellos salvajes inventados con un disfraz hecho de pieles o materiales vegetales, como musgo, ramas, hojas o paja. Podía encarnarse en diversas fieras, sobre todo el oso, ya que pensaban que el salvaje era fruto de la unión de este animal con una mujer. Como los humanos, el oso camina erguido. Pero el aspecto fundamental que los relacionaba era la hibernación, una metáfora de la muerte y el renacimiento del hombre en el más allá, al igual que de la naturaleza resurgiendo tras los rigores invernales. Según la tradición popular, el oso se aletargaba por San Martín, a principios de noviembre. En la noche que sigue al 1 o el 2 de febrero, con la aparición de la luna invernal que preanuncia la Pascua, el oso mítico emergía de su cueva para observar el cielo. Si decidía salir, la llegada del buen tiempo era inminente. Pero también podía retirarse otros 40 días, en cuyo caso los campesinos todavía habrían de soportar nuevos fríos. Invirtiendo la relación causa-efecto, nuestros antepasados ponían al oso a desfilar, como si estuviera anunciando la llegada de la primavera. Con esa magia simpática pretendían estimular el renacer de la naturaleza, que quedaba improductiva y como muerta durante el invierno. Después de aquellas duras condiciones de supervivencia, aguardaban con ansia la abundancia primaveral.  Pero, en contrapartida, en esos largos meses sin trabajos agrícolas que realizar, se intensificaban las celebraciones festivas y, con ellas, la vida social y la unidad entre los miembros del grupo. Los antiguos consideraban particularmente importantes los doce días que van desde el 24 de diciembre al 5 de enero. Para la Iglesia, es el período que media entre la Natividad y la Epifanía, y corresponde a la diferencia de duración entre el viejo calendario juliano y el gregoriano. Se pensaba que, durante este tiempo crítico,  retornaban las criaturas de ultratumba, por lo cual debían canalizar esas energías en su beneficio y protegerse de sus nefastas influencias. A esas tradiciones se remite Shakespeare en Twelfth Night (La duodécima noche o Noche de Reyes), obra escrita para las festividades regias del nuevo año. Resulta muy significativo que el protagonista se llame Orsinide Orso, “oso” en italiano, y que la acción se sitúe en los Balcanes, en pleno territorio de Wilder Mann.
También el cambio de año era un momento propicio para los ritos de paso en la adolescencia, en los que intervenía la figura del salvaje. Como herencia de esa función, veremos que los niños y jóvenes tienen un papel estelar en los actuales desfiles de los hombres salvajes. Durante la época medieval, en febrero, antes de la Cuaresma, se representaba la cacería del oso/hombre salvaje con una obra dramática en la que, entre gritos y aspavientos, los humanos abatían al ser silvestre, que luego renacía. Con ello se anunciaba el final del invierno y el comienzo de la fertilidad primaveral. En el siglo XVIII el domador guiaba al oso, lo que significaba la forma en que la cultura actúa sobre la naturaleza. Por otro lado, mediante un lento y complejo proceso de sincretismo, las festividades religiosas entre el Adviento y la Pascua cristiana fueron asimilando los rituales paganos ancestrales preexistentes, que tenían una antigüedad incalculable.
Oso de Arles sur Tech
El salvaje como Oso es un personaje muy difundido en las tradiciones de máscaras en Austria, los Balcanes y en los países septentrionales, así como en regiones montañosas como los Alpes y los Pirineos.
 Otra figura mitológica que suele encarnarlo es la Cabra, sobre todo en la mitad oriental  de Europa, particularmente en Rumanía. Aparece con San Nicolás en Austria, y en Polonia con los cánticos de Navidad. En los países nórdicos es sustituida por el Macho cabrío. Anuncia suerte, salud, fecundidad y prosperidad económica, y también es emblema de la vitalidad de la naturaleza. Como al animal le vuelven a crecer la lana y los cuernos, representa metafóricamente  la muerte y la resurrección.

El Ciervo es un ser mitológico estrechamente asociado a la cabra. Los celtas adoraban a Cernunos, una divinidad cornuda. Podemos verlo en los petroglifos como psicopompo, es decir, un ente que ayudaba al espíritu del difunto a llegar a la otra vida. Y aunque siempre fue considerado un símbolo de renovación, la Iglesia medieval veían en ciervos y cabras, animales cornudos, la encarnación de las fuerzas demoníacas. El ciervo desfila en las mascaradas de Navidad en Inglaterra, Rumanía y Bulgaria.
Cerbus, en Cerdeña
3. El hombre salvaje como mito
El bosque encantado, lugar en el que pululaban cazadores, leñadores y buhoneros, pero también fugitivos de la justicia,  era la frontera tanto con un mundo mágico, el territorio donde se desataban el miedo y los peligros. Para la naciente cultura urbana en la Baja Edad Media, el hombre salvaje resultaba una metáfora útil para abordar las contradicciones entre el hombre y las bestias. Esa reflexión era especialmente necesaria en un sistema de pensamiento rígido y jerárquico como el cristiano, que negaba la continuidad evolutiva entre humanos y animales. El salvaje se convirtió así en el instrumento adecuado para pensar los nexos entre la naturaleza y la cultura. Como mito, cumplió a la perfección su papel de mediador en un conflicto entre términos irreductibles. Los pueblos europeos construyeron su identidad y homogeneizaron sus principios de vida por oposición a la sombra del Otro salvaje, una invención a la que confirieron cuerpo real en las representaciones teatrales y carnavalescas. Bartra contrapone su estudio evolutivo, que tiene en cuenta las etapas históricas de cambio y las circunstancias incidentes en el mismo, al enfoque estructuralista de Lévi Strauss, que analiza el mito en términos de estructuras inmutables del pensamiento. Este último acercamiento impediría explicar la constante mutación del mito del hombre salvaje, que se reinventa continuamente para adaptarse a las nuevas circunstancias. Ahora enlazamos con el trabajo del fotógrafo Charles Fréger, que viajó dos años a lo ancho de 18 países europeos para documentar las tradiciones del hombre salvaje (Wilder MannWild Man, L´homme sauvagel´uomo selvaggio…) en las festividades del Nuevo Año, Carnaval y fiestas primaverales, que todavía perduran en nuestro mundo hipertecnológico.
4. Wilder Mann
I) AUSTRIA
·Wilder, en el Tirol austriaco

Cada cinco años, desde 1890, un grupo de Wilder participa en los carnavales de Telfs. Llevan un traje cubierto de líquenes y una máscara de madera con pelo de vaca o crin de caballo. Se apoya en un grueso bastón, signo de su fuerza hercúlea. Para algunos, son la personificación de sus antepasados; para otros, encarnan el demonio del invierno y la oscuridad.

·Krampus, en  Bad Mittendorf, Estiria

Presenta afinidades con los diablos y animales de la tradición de Adviento. Acompañaba a San Nicolás en sus viajes y su trabajo era asustar a los niños que no se habían portado bien, al igual que molestar a los espectadores con un ruido ensordecedor de campanas. En nuestros días, llegan a reunirse miles de Krampus en Salzburgo.

 En la noche de Epifanía salen los Perchten, criaturas que espantan a los más pequeños y que intentan alejar el silencio de la noche invernal a golpe de cencerro.
 ·Habergeiss (Cabra), en Tauplitz, Estiria

 Es uno de los personajes que acompañan a la Muerte y a Lucifer con sus diablos. Fastidia a los asistentes pellizcándoles o quitándoles el sombrero. Simboliza la fuerza y la fertilidad.
II) REPÚBLICA CHECA: Certi (Diablos)

En la tarde del 5 de diciembre, San Nicolás visita a los habitantes de Třebíč y Nedašov acompañado del Ángel y de los Diablos, cargados de esquilas y cadenas. Estos amenazan a los niños con llevarlos prisioneros al infierno dentro de su saco.
III) POLONIA
1. Macinula, en Zywiec

 En Nochevieja, alegres grupos  de máscaras, acompañados por músicos, recorren las calles augurando felicidad y fortuna para el nuevo año. Uno de los numerosos personajes de estos desfiles es Macinula, un Hombre de Paja, que desempeña un papel juguetón. En la mano porta un conejo de paja con el que golpea a los espectadores. Como parte del ritual, los enmascarados luchan y Macinula cae pero luego resucita como por  milagro.
 2. Dziady Smigustine, en Dobra

 Desfilan por las calles el lunes de Pascua y salpican con agua a los espectadores, sobre todo a los chicos. Ese elemento tiene una función muy importante en el ciclo Pascual. En Polonia se cita la aspersión con agua en documentos que se remontan al medievo. Su función es alejar a los espíritus malignos y asegurar la fertilidad de las mujeres y de la tierra, de ahí el simbolismo erótico  del gesto.
IV) ALEMANIA
1. Strohbär (Oso de Paja), Reisigbär (Oso de Ramas) y Strohmann (Hombre de Paja), en Baden-Württemberg.


Oso de Paja
 El Oso de Paja y el Hombre de Paja eran figuras muy difundidas en la campiña alemana. Encarnan un simbolismo complejo: el invierno, los hombres salvajes, la lujuria…Las máscaras del carnaval de la Selva Negra están inspiradas en el mundo rural arcaico. Sus vestidos se fabrican con paja o ramas de pino.
Hombre de Paja
2. Pelzmärtle, en Baden-Württemberg. 

Se incluye también en el elenco de los Hombres de Paja pero aparece antes, el día de Nochebuena, acompañando al Niño Jesús. Riñe a los pequeños desobedientes y les pega con su vara.
V) RUMANÍA: Cerbul (Ciervo)

En Nochevieja, algunas ciudades rumanas como Corlata organizan la mascarada del Ciervo, rodeado de danzantes con vestidos tradicionales que soplan el cuerno de caza. La máscara está hecha de madera y se fija a un bastón que actúa como columna vertebral, y sobre el cual el Ciervo viste un tejido ricamente decorado. Después de un baile veloz, que atestigua su vivacidad, el Ciervo cae muerto pero resucitr gracias a los cantos y bailes de sus acólitos.
VI) SUIZA: Sauvages (Salvajes), Le Noirmont,  en el Cantón de Jura.

 En la luna llena previa a la semana de Carnaval, los Sauvages abandonan el bosque entregar hasta llegar a los pueblos, acompañados por el sonido de campanas. A lo largo del camino, embadurnan con hollín la cara de todas las personas que se encuentran a su paso, con predilección por los jóvenes. Estos han de adivinar quién se esconde bajo la máscara y, cuando creen haberlo identificado,  gritan: “¡Reconocido!
 VII) ITALIA
1. Boes, en Ottana, Cerdeña.


 En Cerdeña, especialmente en la región central de la Barbagia, han sobrevivido hasta hoy numerosos rituales de máscaras, que ponen en escena personajes zoomorfos y antropomorfos. Su papel es doble: favorecer la fertilidad del ganado y la tierra, como también la fecundidad femenina; y garantizar un año próspero y feliz. El carnaval es un período de inversión de las reglas ordinarias, que anuncia la instauración de un nuevo equilibrio. Por eso, es habitual durante ese tiempo la mutación del binomio hombre-animal. En Ottana, la primera salida de las máscaras tiene lugar en la vigilia de San Antonio. Los Boes corren por las calles haciendo tintinear las campanillas, perseguidos por los Merdules. Masacrados a golpes, los boes mueren y vuelven a la vida, replicando el ciclo de la naturaleza: el invierno cede el puesto a la primavera y a una vegetación  renovada.
 2. Schnappviecher,  en Tramin, sur del Tirol.

A partir del 7 de enero, los Schnappviechers siembran del terror por las calles de Tramin, un pueblo vinícola del Tirol italiano, y participan en el desfile organizado en años alternos el martes de Carnaval. Los otros personajes que lo acompañan a duras penas logran proteger al público contra los excesos cometidos por estas figuras cornudas, que miden tres metros de alto. Cuando el cortejo pasa delante de una fuente, los Macellai tiran al suelo a un Schnappviech, lo que se interpreta como la finalización del invierno.
 El origen de estas máscaras es incierto. Su fisionomía parece remedar al dragón del imaginario religioso o de las epopeyas y mitos medievales.
 VIII) BULGARIABabugeri, en la región de Blagoevgrad.

 Forman parte de la mascarada del primer día de enero. Usan vestidos de piel de cabra y una enorme capucha cónica del mismo material. En los tiempos antiguos portaban una vara pintada de rojo, colgada en el cencerro a modo de objeto fálico y, después de una danza ritual, desfloraban con ella a las mujeres casadas para favorecer la fertilidad y propiciar la buena suerte. Hoy la vara  ha sido eliminada y se sustituye por un bastón que sostienen con la mano.
IX) GRECIA: Arkouda (Oso) en Monastiraki, Macedonia.

Como hemos visto, hay dos periodos propicios para la salida de las máscaras del salvaje: el primero, que va desde la Navidad a la Epifanía, se celebra en el norte del país y, el segundo, en carnaval. Los Arapides son  personajes típicos de Macedonia, cuya fiesta tiene lugar el 7 de enero, día de San Juan Bautista, cercano a los 12 días mágicos. Los Arapides son figuras enmascaradas que llevan un vestido hecho de piel y una máscara cónica. Junto con algunos Osos, van de casa en casa dando saltos para espantar a los espíritus malignos con el ruido de sus campanillas. Una vez que las máscaras llegan en la plaza central de la ciudad, todos los participantes se unen en una danza.
 X) FRANCIAOurs (Osos), Prats-de-Mollo-la-Preste, Saint-Laurent-de-Cerdans yArles-sur-Tech, en el Pirineo oriental.
Oso de Sant Laurent
 En esas tres ciudades de  lengua occitana tiene lugar un ritual inspirado en una leyenda según la cual, al término de la hibernación, durante tres domingos sucesivos de febrero, los osos raptaban a  jóvenes para atentar contra su virtud. En la representación teatral, que tiene diversas variantes,  el  Oso, generalmente escoltado por cazadores y al disparo del fusil, desciende hacia la ciudad donde intenta atrapar a las chicas. El oso baila una danza-duelo con el cazador, que lo mata. El “cadáver” del animal se lleva a otro lugar, donde resucita. A partir de ese momento, ya limpio, el animal asume  un semblante humano.
XI) ESCOCIA: Burryman

El Burryman aparece en la Feria de Queensferry, el segundo viernes de agosto. Se cita a esta figura, por primera vez, en un documento de 1687, aunque indudablemente es mucho más antigua. Su nombre viene de bardana, en inglés "burrs", la planta con la que se confecciona su vestido. Según la tradición, este personaje espanta a los malos espíritus y se identifica con la fortuna, la riqueza, la fertilidad y la regeneración de la naturaleza. Lleva en cada mano un bastón adornado con flores y le ayudan a moverse dos asistentes que no portan máscaras. También va acompañado de un grupo de niños que recogen dinero de casa en casa. Sus paradas obligadas son el Ayuntamiento, los negocios, y los pubs.
 XII) PORTUGALCaretos, en Lazarim, Lamego, Portugal.

 El vestido de esta figura, mezcla de animal y diablo, se confecciona con materiales muy diversos: paja, piel, hojas… Uno de los momentos claves del Carnaval de Lazarim es la lectura pública del “testamento” del Compadre y la Comadre en la tarde del martes: un cortejo solemne recorre las calles del lugar con la efigie de ambos la cual, al finalizar el desfile, se arroja al fuego. La fiesta de los Caretos de Vila Boa de Ousilhao, Vinhais, se celebra el día de San Antonio, el 25 y el 26 de diciembre, la fiesta de los niños. Se inscribe en el ciclo de los 12 días que se inicia el 24 de diciembre, y en ella participan una treintena de figuras enmascaradas, de las cuales las principales son el Rey y sus Súbditos o Vasallos, cuatro Jóvenes y los Caretos. El 25 de diciembre los habitantes del pueblo reciben en su casa a las máscaras,  después de haber bailado, cantado y comido castañas, chorizos, caramelos…
XIII) ESPAÑA
1. Zezengorri, Pamplona. En el barrio de San Juan se celebra un gran carnaval rural, y al debe toda su originalidad a ese contraste entre lo urbano y lo agrario. Fue creado en 1977 y ha conocido un éxito tal que, desde  1991, los habitantes del barrio han dado vida a personajes de su invención. El carnaval está inspirado en la mitología vasca y las figuras toman el nombre de animales. A la fiesta acuden también enmascarados de otros pueblos. Según la tradición, Zezengorri es el guardián de las grutas y de las cavernas.
 2. Momotxorros, Juantramposos y Mascaritas, en Alsasua, Navarra.
Juantramposo

 El Momotxorro, mitad hombre, mitad toro, se caracteriza por un comportamiento violento de connotaciones sexuales. Ataca a todos aquellos que le obstaculizan el paso y penetra en las casas para desvalijarlas. Sus manos, como también su vestido, están cubiertas de manchas de sangre. Para algunos, esta figura simboliza el sacrificio pagano de animales, pero también puede interpretarse como una reminiscencia de la antigua lucha entre clanes. Según la leyenda, los habitantes de la villa se disfrazaban de animales para entrar en las casas y raptar a las mujeres.

 La tarde del martes de Carnaval, una centena de Momotxorros forman un impresionante cortejo al cual se unen los Juantramposos, rellenos de hierba seca,  y los Mascaritas. Representan, respectivamente, a los hombres jóvenes y a las doncellas.
3. Zamarracos y Trapajones, en Silió, región de Molledo, en Cantabria.

 Cada año, Silió acoge el primer carnaval del calendario europeo. El primer domingo del año llamado “La Vijanera”, reúne un increíble número de personajes típicos de las mascaradas europeas y que compendia casi todo lo que hemos visto hasta ahora: los Zamarracos-hombres vestidos de pieles de animales y cubiertos de cencerros-, el Oso, el Hombre de Paja, el Caballo y los  Trapajones, que se visten con panochas, paja, musgo, cortezas… La fiesta comienza al despuntar el alba con la salida de los personajes enmascarados y termina con la captura y muerte del oso.
 Esta representación sirve para ilustrar simbólicamente la victoria del Bien sobre el Mal, garantizar la protección del ganado y de los hombres, alejar los malos espíritus y liberar las almas de los difuntos. Aquí tenéis un emocionante vídeo donde pueden verse esas arcaicas figuras enmascaradas: http://vimeo.com/20601713

También existe otra impresionante fiesta de Zamarracos en Mecerreyes, provincia de Burgos, el domingo de Carnaval.

 4. Además de los ejemplos documentados  por Fréger, hay otros diversos como el Carnaval de Bielsa, en el Pirineo aragonés. Sus rituales enlazan con  ritos pre-cristrianos  de carácter agrario. El Oso aparece con la cara pintada de negro para anunciar el fin del infierno. Lleva un saco de arpillera relleno de hierba seca y cubierto de piel de oveja, mostrando fiereza, pero acaba siendo domado por el hombre.

Las Trangas lucen una camisa de cuadros y van  cubiertos por una larga piel de choto coronada por grandes cuernos. También portan cencerros, que se relacionan con la virilidad. Las Trangas recogen a las Madamas, jóvenes del pueblo, que los esperan en las puertas de sus casas bellamente arregladas. Como ilustración, podéis ver este vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=2i4ZqXxbk-M
 5. El Carnaval o Entroido de Laza, en Ourense, es uno de los más antiguos y esplendorosos de nuestro país. Al atardecer del lunes de Carnaval, llega la Morena, un personaje con cabeza de toro de madera que simula atacar a las mujeres, mientras que el público le arroja tierra con hormigas. Los Peliqueiros llevan unos coloristas disfraces con cencerros y máscaras con sonrisas burlonas. Esta fiesta se relaciona también con los ritos agrarios de fecundidad. Aquí tenéis dos vídeos con los que podéis haceros una buena idea de esta extraordinaria tradición: https://www.youtube.com/watch?v=D902SBtMTUY


https://www.youtube.com/watch?v=UHwqzp-e_-w#t=20, muy completo por sus explicaciones.

 6. Gracias a las sugerencias de Angeles Boix, he descubierto la leyenda de los Hombres de Musgo en Béjar, Salamanca. Según la tradición, que arranca desde tiempos de Alfonso VII de Castilla,  los bejaranos estaban escondidos en El Castañar, donde se habían reunido para celebrar la misa. Tras ello, quizá inspirados por  Santa Marina, que tuvo que vivir disfrazada, recubrieron sus ropas con musgo de las rocas del lugar y, al amanecer, se dirigieron a la fortaleza musulmana parapetados con su camuflaje. Consiguieron reconquistar la ciudad después de asustar a los moros, quienes creyeron que se trataba de alimañas o monstruos y salieron corriendo. El pueblo recordó esa hazaña año tras año. El Papa Urbano IV instituyó la festividad del Corpus en 1263 y ambas celebraciones se fundieron en la misma fecha en 1397. En realidad, la leyenda de la reconquista de Béjar por los Hombres de Musgo, auspiciada por el ejemplo de una santa, parece una evidente cristianización de ritos más antiguos, en la misma línea que los que hemos venido viendo por toda Europa. La única diferencia llamativa es la fecha de su celebración, en junio, que aleja un tanto a los Hombres de Musgo de Béjar del ciclo primaveral.

 5. Tradición y renovación del mito
Una conclusión un tanto paradójica del trabajo de Fréger es que, a pesar de las enormes diferencias externas entre los distintos hombres salvajes por toda Europa, se repiten una serie de elementos estructurales que integrarían el canon mítico del homo sylvestris: el tipo de animales en que se encarna, el simbolismo del tránsito entre las etapas de la vida y las estaciones, la celebración de la fertilidad y la fuerza, la contraposición entre el bien y el mal, su intervención en los ritos de paso para jóvenes o casadas y su papel reforzador de la identidad del grupo. Pero no debemos caer en el error de interpretar que los hombres salvajes que podemos contemplar todavía hoy en las fiestas populares, son exactamente iguales a los de la Edad Media. Desde los carnavales populares de Nuremberg, en que Wilder Mann llevaba un disfraz de hierba y hojas, y desfilaba rodeado por una turbamulta de seres infernales que lanzaban fuego, se ha experimentado sin duda un cambio radical en las imágenes y en su función simbólica. Es claro que el salvaje tiene una significación diferente para nosotros, que ya no nos vemos acuciados por el temor a las malas cosechas ni a las inclemencias climáticas, y que nos vemos obligados a superar ritos de paso diferentes. Quizá tendamos hoy a acentuar el aspecto puramente lúdico, festivo de estas figuras. 
Chriapa, en Eslovaquia
Su imagen extraña y perturbadora sigue apelando a arquetipos resistentes sobre nuestra relación con la naturaleza y con nuestra propia imagen social. Por el camino hemos resuelto muchos de los interrogantes a los que se asociaba el salvaje en tiempos pretéritos, pero se han planteado otros quizá aún más urgentes. Bartra lo ha expresado así: “Rasgos que podrían haberse perdido en la noche de los tiempos son rescatados por una nueva sensibilidad cultural, para tejer redes mediadoras que van delineando los límites externos de una civilización, gracias a la creación de territorios míticos poblados de marginales, bárbaros enemigos y monstruos salvajes de toda índole, que constituyen simulacros/símbolos de los peligros reales que amenazan al sistema occidental”. 
Sourvakari, unos salvajes de Bulgaria que evocan a los indios de las praderas
Ese mito aporta la idea de alteridad, de ahí que la cultura europea necesite reinventar continuamente al hombre salvaje para reconocerse como tal. En los rincones oscuros del saber, donde no llega a la razón, se esconden cosas extrañas, temibles unas, atractivas otras, como lo erótico. La mente puebla de seres imaginarios esos lugares y el hombre occidental, entonces,  proyecta fuera de sí al hombre salvaje, peludo, violento y lujurioso que, nos guste o no, es nuestra imagen especular.

 El fotógrafo francés Charles Fréger, nacido en 1975, ha dedicado numerosas series fotográficas a la representación antropológica de grupos sociales tales como atletas, cuerpos de las Fuerzas Armadas, estudiantes y otros colectivos que visten uniformes, como los granaderos de la Guardia de Londres, scouts, marineros, legionarios, artilleros, majorettes o los policías rusos. Utiliza un vocabulario fotográfico preciso, con encuadres frontales, y se ha dicho que coloca las figuras como si fueran insectos, sobre fondos neutros, un procedimiento con relevancia científica que podemos observar en las fotografías de Wilder Mann. Las fotografías que aparecen tienen su copyright y podéis verlas al complete en este enlace: http://vimeo.com/66056910

Para saber más sobre Roger Bartra, uno de los pensadores fundamentales de nuestro tiempo, tenéis más información en este blog:

Fuentes consultadas:
-El mito del salvaje (2011), Roger Bartra, Ed. FCE. Incluye El salvaje en el espejo (1992) y El salvaje artificial (1997)
- Entrevista con Roger Bartra, por Ramón González Férris, Letras Libres
- El mito del salvaje, Ramon Bartra. Revista Ciencias, marzo de 2001
-Salvajismo, civilización y modernidad: La etnografía frente al mito. Alteridades, 1993  
-Wilder Mann o la figura del selvaggio (2012). Charles Fréger, Pelitiassociati
-El carnaval de Bielsa: Criaturas icónicas
 -Los hombres salvajes de Europa. Artículo de  Rachel Hartingan Shea
-Charles Fréger, entrada en Wikipedia (en francés)
 -The Wilder Mann: Images of the Savage, en Juxtapoz
-Capturing the Still Practiced Pagan Rituals of Europe, David Rosenberg



Esta entrada fue originariamente publicada en  el blog Tinieblas en el corazón. Aquí tenéis el enlace, por si queréis leer los comentarios realizados: http://anthropotopia.blogspot.com.es/2014/06/wilder-mann-el-hombre-salvaje-europeo.html. Agradezco enormente a Angeles Boix su generosidad en compartir conmigo este espacio divulgativo y el interés que ha mostrado por este trabajo.