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sábado, 7 de enero de 2017

EPICURO PARA 4º ESO

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     Tras la muerte de Alejandro Magno y el traslado del nuevo mundo cultural a Alejandría (Egipto), Atenas quedó reducida a una ciudad de provincias, lejos de su esplendor pasado, pero todavía llena de talento, y de sabiduría, que es lo que nos ocupa ahora. 

      Para los antiguos griegos el verdadero sabio es aquel que sabe vivir bien, que vive feliz.Y es precisamente la felicidad el tema principal de la Ética griega; más tarde vendrán las éticas del deber y la dignidad. 

      La Ética es la parte más práctica de la Filosofía, pues nos da una serie de ideas para poder vivir nuestra vida de un modo pleno. Vamos, que la Filosofía tiene mucho de medicina....tanto que uno de los filósofos clásicos, Epicuro de Samos da unas "recetas" para vivir sin temor en el alma que denominó EL TETRAFÁRMACO, es decir, cuatro preceptos para conservar la salud del alma. 

       Para empezar a conocer algo de lo que proponía Epicuro, vamos a ver el fragmento final de una película titulada ZORBA EL GRIEGO, y luego te cuento qué relación tiene con nuestro autor:




     La película y la frase que encabeza la entrada tiene una relación directa: la felicidad no está en las cosas materiales, en desearlas, porque mientras nos mueve el deseo de conseguirlas, no estamos disfrutando la vida que tenemos, nos perdemos los PLACERES que nos proporciona. Esta es una de las cuatro máximas de su receta: lo bueno, lo esencial es fácil de conseguir.


 Las otras tres máximas son:

1.- No hay que temer a los dioses, porque ellos no se ocupan de nosotros. 



        Epicuro sí creía en que existían dioses, pero pensaba que estaban en un mundo totalmente ajeno al humano, que no intervenían en absoluto en nuestra vida, y por ello, era algo inútil el temerlos, rezarles o adorarlos. Y mientras nosotros vivamos temiéndolos, no estamos disfrutando de la vida. 

      


            Compara la visión acerca de los dioses de Epicuro y el temor a Dios que vimos en El Nombre de la Rosa.


2.- No hay que tener miedo a la muerte, porque cuando llegue, ya no nos enteraremos de nada, y si pasamos nuestra vida temiéndola, no la disfrutaremos. 





3.- Lo espantoso es fácil de soportar, ya que cualquier dolor, si es muy intenso, dura relativamente poco, y si es más duradero, es crónico y más leve. 




             Como habrás observado, Epicuro siempre quiere hacernos ver lo importante que es disfrutar la vida, vivir una vida placentera, y ello es debido a que para Epicuro ES EL PLACER EL QUE NOS PROCURA LA FELICIDAD, y ese placer lo entiende como ausencia de dolor en el cuerpo y la serenidad en el alma ( esa situación que los griegos llamaban ATARAXIA).Por eso, la ética de Epicuro es conocida como una ética HEDONISTA, ya que la palabra griega para designar el placer es HEDONÉ

     Pero....¡¡¡¡ojo!!!, no vale cualquier placer, sino que tenemos que calcular muy bien cuál vamos a escoger,porque Epicuro nos avisa de que todo placer conlleva una cantidad de dolor, y por ello, tenemos que sopesar qué "precio" de dolor nos va a costar el placer que queremos. 

   Un ejemplo: yo adoro el chocolate; si me como un kilo, seguramente me pondré mala, me saldrán granos y engordaré. ¿Me merece la pena comerme todo ese chocolate en un tiempo récord o no? Pues bien, eres tú el que decides, porque la ética te da argumentos , pero no te obliga. 

     Ahora te toca pensar a ti:
1.- ¿Te comerías el kilo de chocolate?

2.- ¿Es más feliz quien tiene el móvil más nuevo?

3.- ¿Crees que la felicidad está en el placer?

4.- ¿Quién es más feliz, quien más tiene o quien menos desea?









domingo, 27 de noviembre de 2016

ARISTÓTELES Y EL ARTE DE LA IMITACIÓN



     Como vamos profundizando en Aristóteles, y hemos visto un breve pasaje de la película *El Nombre de la Rosa*, Viví Martínez os ha preparado una entrada muy amena acerca de las artes de la imitación, y entre ellas está la Poética.

   En *El Nombre de la Rosa*, el libro de Aristóteles sobre la poética tiene un papel protagonista, y para que tengáis una información más amplia, vamos a adentrarnos en esta entrada, tan amena como nos tiene acostumbrados.


   Pero ...¡ojo!, también tendremos que hacer nosotros algo de imitación.

Aquí está el enlace:

http://entrenandomeenlared.blogspot.com.es/2016/11/la-poetica-de-aristoteles.html



domingo, 23 de octubre de 2016

EL *FEDON* ADAPTADO PARA 4º ESO



                                       Antonio Canova:  Psique reanimada por el beso del Amor (Eros)


         El Fedón es  un diálogo (1) de Platón en el que se cuenta la última noche de Sócrates, en la cárcel de Atenas, rodeado de sus amigos y hablando hasta el amanecer, cuando llega el carcelero a traerle la cicuta que él mismo ha de beber, y cumplir así la sentencia dictada por Atenas contra él.


   En este diálogo, asistimos a las conversaciones entre Sócrates y varios de sus amigos acerca de la muerte y la inmortalidad del alma. El tema surge porque Sócrates será ajusticiado por la mañana, pero de todos los reunidos, él es el que está más sereno. ¿Por qué? Vamos a explicarlo seguidamente.

    Sócrates no dejó nada escrito, y casi todo lo que conocemos de él lo redactó su discípulo Platón, autor de la Teoría de las Ideas (2); por ello, hablamos de ideas y explicaciones comunes a Sócrates y Platón. En esta teoría, el alma es inmortal, y su lugar está en el Mundo de las Ideas. Pero a veces, las almas caen al mundo de los sentidos, y se quedan atrapadas por el cuerpo, olvidando todo lo que vieron (3)

   Pero las almas pueden recordar lo que vieron en el Mundo de las Ideas cuando se enamoran - la Belleza las hace recordar inmediatamente la Belleza Ideal - y cuando estudian filosofía - porque se van olvidando de las cosas materiales y van abstrayéndose cada vez más hasta volver a recordar las Ideas en sí mismas. Las almas se purifican con estos dos caminos, y así, vuelven más ligeras a su lugar añorado: contemplar las Ideas. 


    Sócrates piensa que ha tenido una buena vida dedicada al conocimiento, y por ello, no teme dejar su cuerpo viejo y gastado y sabe que su alma volverá a la felicidad de contemplar las Ideas. Por ello, no teme a la muerte, que entiende como una separación entre el cuerpo y el alma. El cuerpo es mortal, pero el alma no; es inmortal, y puede reencarnarse en sucesivos cuerpos. 

    En este diálogo se deja entrever una cuestión importante en la condena y muerte de Sócrates: la ciudad de Atenas estaba dividida frente a ella, y amigos influyentes le prepararon la fuga varias veces, pero todas ellas Sócrates respondió de la misma manera: él no había cometido ningún delito ni injusticia, y por lo tanto, no era él quien debía avergonzarse y huir como si fuera realmente culpable de algo; segó Sócrates, era Atenas la que había cometido la injusticia con él, pero él acataría las leyes, puesto que siempre había creído que era eso lo que debía hacer. Por esta razón, lo tenemos en su última noche de vida en la cárcel. 

    La condena de Sócrates era la de morir bebiendo cicuta ( ¡¡¡una planta de la familia del perejil!!!). La planta, machacada y mezclada con vino, se le daba al condenado, quien tenía que beberla. Cuando llega la primera luz de la mañana, en la celda de Sócrates, llega el carcelero con la pócima, y se la da a Sócrates, así como las instrucciones para morir bajo su efecto. Sócrates se la toma, y continúa hablando con sus amigos, hasta que comienza a sentir frío, y poco después, muere, no sin antes haber recordado a Critón, uno de sus amigos allí presentes, que le llevara un gallo a Asclepio ( el dios de la salud) que le debía - y que él, Sócrates , evidentemente, no podría llevarle ya.



  - Si quieres leer un resumen más extenso de este diálogo, mira esta entrada: 

NOTAS 

(1) Diálogo: En Platón se convierte en un género literario, en el que dos personas ( o más) intercambian diferentes puntos de vista con la intención de aprender unos de otros acerca de algún tema. En los Diálogos de Platón, casi siempre es Sócrates el protagonista. 

   Una pista para descubrir que se trata de un diálogo: pone los nombres de los personajes que hablan, como si fuera una obra de teatro ( ¡¡¡pero no indica cómo se mueven en la escena!!!).

    En los diálogos de Platón, además, encontramos muchos mitos inventados por él para explicar de una forma más fácil algunos conceptos difíciles. 

(2) Teoría de las Ideas: Platón considera que el mundo verdadero no es el mundo que nosotros conocemos; éste es un mundo sometido al tiempo, y por lo tanto, que se degenera y desaparece. En él, además, las cosas que conocemos no son seguras (¿hace frío o calor? ¿están buenas las lentejas?...¡cuántas respuestas se pueden dar, dependiendo de a quién , en qué lugar y en qué momento lo preguntemos!); el conocimiento es cambiante. Este es el MUNDO DE LOS SENTIDOS. 

   Este mundo es una copia de un mundo perfecto, en el que nada nace o muere, un mundo en el que no hay tiempo: el MUNDO DE LAS IDEAS. Estas Ideas son los moldes perfectos, los modelos que no cambian ni se degeneran de todo lo que existe en el mundo de los sentidos.

(3) Estas ideas las desarrolla Platón en el Mito del Carro Alado ( en el diálogo Fedro) . Si quieres saber algo más acerca de este mito, puedes hacerlo con esta entrada:   


   


domingo, 16 de octubre de 2016

LA PARADOJA DE PROTÁGORAS




   Viví Martínez ha preparado la denominada "paradoja de Protágoras" para que veáis qué es un verdadero argumento sofista.

   Pongo la paradoja para que podamos estudiarla en clase:

En relación con el relativismo existe una curiosa paradoja denominada tradicionalmente "La Paradoja de Protágoras"

«Euatlo era un joven sin recursos económicos que deseaba estudiar con Protágoras con la idea de dedicarse a la abogacía. Protágoras, que apreciaba la inteligencia del joven, le propuso que asistiera a sus clases y que una vez ganara su primer pleito ejerciendo de abogado, le abonara sus honorarios. El joven estuvo de acuerdo en el arreglo. Euatlo, efectivamente, asistió a todas las lecciones pero, cuando acabó su formación, anunció que finalmente no se iba a dedicar a la abogacía, sino a la política, y que, por tanto, no estaba en obligación de pagar sus honorarios, pues jamás ganaría un pleito. Protágoras amenazó al estudiante con un pleito y el joven argumentó:

- Si vamos a juicio, Protágoras, y yo gano, por este mandamiento judicial, no te tendré que pagar; si pierdo, dado que aún no habré ganado mi primer pleito, y esta era nuestra condición, tampoco tendré que pagar. Así, pues, Protágoras, no te conviene ir a juicio: seguro que lo perderás.

A lo que Protágoras replicó:

- Si vamos a juicio, Euatlo, y yo gano, por este mandamiento judicial, me habrás de pagar; si pierdo, tú habrás ganado tu primer pleito y por razón de nuestro antiguo pacto, me habrás de pagar.»

¿Quién tiene razón?



sábado, 8 de octubre de 2016

SOFISTAS A RITMO DE RAP

  


 Viví Martínez ha diseñado una unidad de actividades para aplicar lo aprendido sobre los sofistas , tanto en la clase de 4º de ESO como en 2º de Bachillerato. A los primeros les servirá para tener una idea de este importante grupo de filósofos de la espléndida Atenas del siglo V a C., y a los segundos, como un divertido repaso de lo que hemos explicado. 

   Además, siempre es recomendable para cualquier persona que tenga interés por reflexionar acerca del lenguaje, de las leyes o que se interese por el pensamiento clásico, siempre vivo en nuestra cultura.


   Aquí tenéis el enlace:






jueves, 8 de septiembre de 2016

ESTRENANDO FILOSOFIA EN 4º ESO



1.-   PRESENTACIÓN DEL PROYECTO

    Con los infinitos cambios que sufrimos quienes nos dedicamos a la educación, el enésimo es la implantación a toda prisa de la LOMCE, controvertida ley cuyo recorrido no sabemos si será más o menos largo/corto. Pero mientras esa cuestión se decide o decidirá en el ámbito político, y abrumados los profesores de Filosofía por la pérdida de horas y de una asignatura que ha funcionado muy bien tras veinte años de recorrido, la Educación Ético Cívica de 4º de la ESO - absolutamente necesaria para crear una conciencia ética de la que vemos tantos ejemplos de ausencia - , todavía podemos tener la esperanza de que la optativa FILOSOFÍA de 4º ESO sea un reducto de pensamiento crítico y catalizador de ideas, a pesar de que no todos los alumnos la cursarán, tal como hacían con Ética.

      Tras el imprescindible alegato inicial, desde aquí nos  proponemos hacer un proyecto novedoso para esta asignatura, en el que vamos a colaborar dos centros educativos: el Colegio La Encarnación, de Villena (Alicante), con Viví Martínez a la cabeza del mismo, y el IES Benejúzar, de Benejúzar (Alicante), con Ángeles Boix. Perseguimos los mismos objetivos, y para llevarlos a cabo, estamos trabajando para el diseño de actividades a partir de la novela El Mundo de Sofía, de Jostein Gaarder.

    El blog será nuestra principal herramienta de comunicación y difusión del proyecto y un reflejo de lo que vamos consiguiendo en este viaje hacia la madurez de los chavales.

    Además de este mismo blog, ya hay información y actividades en los siguientes enlaces:




       Para empezar a tener las ideas claras, os pongo los cinco bloques temáticos que la ley nos dice que tenemos que trabajar, y que haremos, sin duda, pero no de una forma lineal y progresiva, sino todos juntos y revueltos, pues así es la filosofía.

  BLOQUES TEMÁTICOS: 

1.- La Filosofía y sus áreas.

2.- La identidad personal.

3.- La dimensión social del ser humano.

4.- Ética y Estética.

5.- Realidad y conocimiento. 


      Ahora, para despedir esta presentación, os pongo el primer capítulo de El Mundo de Sofía para que podáis tener una primera impresión de cómo es el libro que nos va a acompañar y a servir de guía  a lo largo de todo el curso. ¡ Bienvenidos a esta aventura!




                                                      El jardín del Edén 

.... al fin y al cabo, algo tuvo que surgir en algún momento de donde no había nada de nada... 

     Sofía Amundsen volvía a casa después del instituto. La primera parte del camino la había hecho en compañía de Jorunn. Habían hablado de robots. Jorunn opinaba que el cerebro humano era como un sofisticado ordenador. Sofía no estaba muy segura de estar de acuerdo. Un ser humano tenía que ser algo más que una máquina. 
   Se habían despedido junto al hipermercado Sofía vivía al final de una gran urbanización de chalets, y su camino al instituto, era casi el doble que el de Jorunn. Era como si su casa se encontrara en el fin del mundo, pues más allá de jardín no había ninguna casa más. Allí comenzaba el espeso bosque.
 Giró para meterse por el Camino del Trébol. Al final hacía una brusca curva que solían llamar Curva del Capitán. Aquí sólo había gente los sábados y los domingos.
 Era uno de los primeros días de mayo. En algunos jardines se veían tupidas coronas de narcisos bajo los árboles frutales. Los abedules tenían ya una fina capa de encaje verde. 
¡Era curioso ver cómo todo empezaba a crecer y brotar en esta época del año! ¿Cuál era la causa de que kilos y kilos de esa materia vegetal verde saliera a chorros de la tierra inanimada en cuanto las temperaturas subían y desaparecían los últimos restos de nieve? 
Sofía miró el buzón al abrir la verja de su jardín. Solía haber un montón de cartas de propaganda, además de unos sobres grandes para su madre. Tenía la costumbre de dejarlo todo en un montón sobre la mesa de la cocina, antes de subir a su habitación para hacer los deberes.
 A su padre le llegaba únicamente alguna que otra carta del banco, pero no era un padre normal y corriente. El padre de Sofía era capitán de un gran petrolero y estaba ausente gran parte del año. Cuando pasaba en casa unas semanas seguidas, se paseaba por ella haciendo la casa mas acogedora para Sofía y su madre. Por otra parte, cuando estaba navegando resultaba a menudo muy distante. Ese día sólo había una pequeña carta en el buzón, y era para Sofía. «Sofía Amundsen», ponía en el pequeño sobre. «Camino del Trébol 3. Eso era todo, no ponía quién la enviaba. Ni siquiera tenía sello.
 En cuanto hubo cerrado la puerta de la verja, Sofía abrió el sobre. Lo único que encontró fue una notita, tan pequeña como el sobre que la contenía. En la notita ponía: ¿Quién eres? No ponía nada más. No traía ni saludos ni remitente, sólo esas dos palabras escritas a mano con grandes interrogaciones. Volvió a mirar el sobre. Pues sí, la carta era para ella. ¿Pero quién la había dejado en el buzón?
 Sofía se apresuró a sacar la llave y abrir la puerta de la casa pintada de rojo. Como de costumbre, al gato Sherekan le dio tiempo a salir de entre los arbustos, dar un salto hasta la escalera y meterse por la puerta antes de que Sofía tuviera tiempo de cerrarla.
 –¡Misi, misi, misi!
 Cuando la madre de Sofía estaba de mal humor por alguna razón, decía a veces que su hogar era como una casa de fieras, en otras palabras, una colección de animales de distintas clases. Y por cierto, Sofía estaba muy contenta con la suya. Primero le habían regalado una pecera con los peces dorados Flequillo de Oro, Caperucita Roja y Pedro el Negro. Luego tuvo los periquitos Cada y Pizca, la tortuga Govinda y finalmente el gato atigrado Sherekan. Había recibido todos estos animales como una especie de compensación por parte de su madre, que volvía tarde del trabajo, y de su padre, que tanto navegaba por el mundo. Sofía se quitó la mochila y puso un plato con comida para Sherekan. Luego se dejó caer sobre una banqueta de la cocina con la misteriosa carta en la mano.
 ¿Quién eres? 
En realidad no lo sabía. Era Sofía Amundsen, naturalmente, pero ¿quién era eso? Aún no lo había averiguado del todo. ¿Y si se hubiera llamado algo completamente distinto? Anne Knutsen, por ejemplo. ¿En ese caso, habría sido otra? De pronto se acordó de que su padre había querido que se llamara Synnove. Sofía intentaba imaginarse que extendía la mano presentándose como Synnove Amundsen, pero no, no servía. Todo el tiempo era otra chica la que se presentaba. Se puso de pie de un salto y entró en el cuarto de baño con la extraña carta en la mano. Se coloco delante del espejo, y se miró fijamente a sí misma.
 –Soy Sofía Amundsen –dijo.
 La chica del espejo no contestó ni con el más leve gesto. Hiciera lo que hiciera Sofía, la otra hacia exactamente lo mismo. Sofía intentaba anticiparse al espejo con un rapidísimo movimiento, pero la otra era igual de rápida. –¿Quién eres? –preguntó. No obtuvo respuesta tampoco ahora, pero durante un breve instante llegó a dudar de si era ella o la del espejo la que había hecho la pregunta. Sofía apretó el dedo índice contra la nariz del espejo y dijo: 
–Tú eres yo:
 Al no recibir ninguna respuesta, dio la vuelta a la pregunta y dijo: 
–Yo soy tu.
 Sofía Amundsen no había estado nunca muy contenta con su aspecto. Le decían a menudo que tenía bonitos ojos almendrados, pero seguramente se lo dirían porque su nariz era demasiado pequeña y la boca un poco grande. Además, tenía las orejas demasiado cerca de los ojos. Lo peor de todo era ese pelo liso que resultaba imposible de arreglar. A veces su padre le acariciaba el pelo llamándola la muchacha de los cabellos de lino», como la pieza de música de Claude Debussy. Era fácil para él, que no estaba condenado a tener ese pelo negro colgando durante toda su vida. En el pelo de Sofía no servían ni el gel ni el spray. A veces pensaba que le había tocado un aspecto tan extraño que se preguntaba si no estaría mal hecha. Por lo menos había oído hablar a su madre de un parto difícil. ¿Era realmente el parto lo que decidía el aspecto que uno iba a tener?
 ¿No resultaba extraño el no saber quien era? ¿No era también injusto no haber podido decidir su propio aspecto? Simplemente había surgido así como así. A lo mejor podría elegir a sus amigos, pero no se había elegido a sí misma. Ni siquiera había elegido ser un ser humano. ¿Qué era un ser humano? Sofía volvió a mirar a la chica del espejo.
 –Creo que me subo para hacer los deberes de naturales –dijo, como si quisiera disculparse. 
Un instante después, se encontraba en la entrada. No, prefiero salir al jardín, pensó. –¡Misi, misi, misi, misi! Sofía cogió al gato, lo sacó fuera y cerró la puerta tras ella. Cuando se encontró en el caminito de gravilla con la misteriosa carta en la mano, tuvo de repente una extraña sensación. Era como si fuese una muñeca que por arte de magia hubiera cobrado vida. ¿No era extraño estar en el mundo en este momento, poder caminar como por un maravilloso cuento?
 Sherekan saltó ágilmente por la gravilla y se metió entre unos tupidos arbustos de grosellas. Un gato vivo, desde los bigotes blancos hasta el rabo juguetón en el extremo de su cuerpo liso. También él estaba en el jardín, pero seguramente no era consciente de ello de la misma manera que Sofía.
 Conforme Sofía iba pensando en que existía, también le daba por pensar en el hecho de que no se quedaría aquí eternamente. Estoy en el mundo ahora, pensó. Pero un día habré desaparecido del todo. 
¿Habría alguna vida mas allá de la muerte? El gato ignoraría también esa cuestión por completo? 
La abuela de Sofía había muerto hacía poco. Casi a diario durante medio año había pensado cuánto la echaba de menos. ¿No era injusto que la vida tuviera que acabarse alguna vez? En el camino de gravilla Sofía se quedó pensando. Intentó pensar intensamente en que existía para de esa forma olvidarse de que no se quedaría aquí para siempre. Pero resultó imposible. En cuanto se concentraba en el hecho de que existía, inmediatamente surgía la idea del fin de la vida. Lo mismo pasaba a la inversa: cuando había conseguido tener una fuerte sensación de que un día desaparecería del todo, entendía realmente lo enormemente valiosa que es la vida. Era como la cara y la cruz de una moneda, una moneda a la que daba vueltas constantemente. Cuanto más grande y nítida se veía una de las caras, mayor y más nítida se veía también la otra. La vida y la muerte eran como dos caras del mismo asunto. No se puede tener la sensación de existir sin tener también la sensación de tener que morir, pensó. De la misma manera, resulta igualmente imposible pensar que uno va a morir, sin pensar al mismo tiempo en lo fantástico que es vivir.
 Sofía se acordó de que su abuela había dicho algo parecido el día en que el médico le había dicho que estaba enferma. Hasta ahora no he entendido lo valiosa que es la vida», había dicho. ¿No era triste que la mayoría de la gente tuviera que ponerse enferma para darse cuenta de lo agradable que es vivir? ¿Necesitarían acaso una carta misteriosa en el buzón? 
Quizás debiera mirar si había algo más en el buzón. Sofía corrió hacia la verja y levantó la tapa verde. Se sobresaltó al descubrir un sobre idéntico al primero. ¿Se había asegurado de mirar si el buzón se había quedado vacío del todo la primera vez? También en este sobre ponía su nombre. Abrió el sobre y sacó una nota igual que la primera. 
¿De dónde viene el mundo?, ponía. 
No tengo la más remota idea, pensó Sofía. Nadie sabe esas cosas, supongo. Y sin embargo, Sofía pensó que era una pregunta justificada. Por primera vez en su vida pensó que casi no tenía justificación vivir en un mundo sin preguntarse siquiera de dónde venía ese mundo.
 Las cartas misteriosas la habían dejado tan aturdida que decidió ir a sentarse al Callejón. El Callejón era el escondite secreto de Sofía. Solo iba allí cuando estaba muy enfadada, muy triste o muy contenta. Ese día sólo estaba confundida.
 La casa roja estaba dentro de un gran jardín. Y en el jardín había muchas partes, arbustos de bayas, diferentes frutales, un gran césped con mecedora e incluso un pequeño cenador que el abuelo le había construido a la abuela cuando perdió a su primer hijo, a las pocas semanas de nacer. La pobre pequeña se llamaba Marie. En la lápida ponía: «La pequeña Marie llegó, nos saludó y se dio la vuelta.
 En un rincón del jardín, detrás de todos los frambuesos, había una maleza tupida donde no crecían ni flores ni frutales. En realidad, era un viejo seto que servía de frontera con el gran bosque, pero nadie lo había cuidado en los últimos veinte años, y se había convertido en una maleza impenetrable. La abuela había contado que el seto había dificultado el paso a las zorras que durante la guerra venían a la caza de las gallinas que andaban sueltas por el jardín.
 Para todos menos para Sofía, el viejo seto resultaba tan inútil como las jaulas de conejos dentro del jardín. Pero eso era porque no conocían el secreto de Sofía. Desde que Sofía podía recordar, había conocido la existencia del seto. Al atravesarlo encogida, llegaba a un espacio grande y abierto entre los arbustos. Era como una pequeña cabaña. Podía estar segura de que nadie la encontraría allí.
 Sofía se fue corriendo por el jardín con las dos cartas en la mano. Se tumbó para meterse por el seto. El Callejón era tan grande que casi podía estar de pie, pero ahora se sentó sobre unas gruesas raíces. Desde allí podía mirar hacia fuera a través de un par de minúsculos agujeros entre las ramas y las hojas. Aunque ninguno de los agujeros era mayor que una moneda de cinco coronas, tenía una especie de vista panorámica de todo el jardín. De pequeña, le gustaba observar a sus padres cuando andaban buscándola entre los árboles.
 A Sofía el jardín siempre le había parecido un mundo en sí. Cada vez que oía hablar del jardín del Edén en el Génesis, se imaginaba sentada en su Callejón contemplando su propio paraíso.
 «¿De dónde viene el mundo?»
 Pues no lo sabía. Sofía sabía que la Tierra no era sino un pequeño planeta en el inmenso universo. ¿Pero de dónde venía el universo? Podría ser, naturalmente, que el universo hubiera existido siempre; en ese caso, no sería preciso buscar una respuesta sobre su procedencia. ¿Pero podía existir algo desde siempre? Había algo dentro de ella que protestaba contra eso. Todo lo que es, tiene que haber tenido un principio, ¿no? De modo que el universo tuvo que haber nacido en algún momento de algo distinto.
 Pero si el universo hubiera nacido de repente de otra cosa, entonces esa otra cosa tendría a su vez que haber nacido de otra cosa. Sofía entendió que simplemente había aplazado el problema. Al fin y al cabo, algo tuvo que surgir en algún momento de donde no había nada de nada. ¿Pero era eso posible? ¿No resultaba eso tan imposible como pensar que el mundo había existido siempre? En el colegio aprendían que Dios había creado el mundo, y ahora Sofía intentó aceptar esa solución al problema como la mejor. Pero volvió a pensar en lo mismo. Podía aceptar que Dios había creado el universo, pero y el propio Dios, ¿qué? ¿Se creó él a sí mismo partiendo de la nada? De nuevo había algo dentro de ella que se rebelaba. Aunque Dios seguramente pudo haber creado esto y aquello, no habría sabido crearse a si mismo sin tener antes un sí mismo» con lo que crear. En ese caso, sólo quedaba una posibilidad: Dios había existido siempre. ¡Pero si ella ya había rechazado esa posibilidad! Todo lo que existe tiene que haber tenido un principio.
 –¡Caray!
 Vuelve a abrir los dos sobres
. ¿Quién eres? 
¿De dónde viene el mundo?»
 ¡Qué preguntas tan maliciosas! ¿Y de dónde venían las dos cartas? Eso era casi igual de misterioso ¿Quién había arrancado a Sofía de lo cotidiano para de repente ponerla ante los grandes enigmas del universo? 
Por tercera vez Sofía se fue al buzón.
 El cartero acababa de dejar el correo del día. Sofía recogió un grueso montón de publicidad, periódicos y un par de cartas para su madre. También había una postal con la foto de una playa del sur. Dio la vuelta a la postal. Tenía sellos noruegos y un sello en el que ponía Batallón de las Naciones Unidas». ¿Sería de su padre? ¿Pero no estaba en otro sitio? Además, no era su letra.
 Sofía notó que se le aceleraba el pulso al leer el nombre del destinatario: Hilde Moller Knag c/o Sofía Amundsen, Camino del Trébol 3...”. La dirección era la correcta. La postal decía: 
Querida Hilde: Te felicito de todo corazón por tu decimoquinto cumpleaños. Cómo puedes ver, quiero hacerte un regalo con el que podrás crecer. Perdóname por enviar la postal a Sofía. Resulta más fácil así. 
Con todo cariño, papá.
Sofía volvió corriendo a la cocina. Sentía como un huracán dentro de ella.
 ¿Quién era esa Hilde que cumplía quince años poco más de un mes antes del día en que también ella cumplía quince años?
 Sofía cogió la guía telefónica de la entrada. Había muchos Møller Knag. 
Volvió a estudiar la misteriosa postal. Sí, era autentica, con sello y matasellos.
 ¿Porqué un padre iba a enviar una felicitación a la dirección de Sofía cuando estaba clarísimo que iba destinada a otra persona? ¿Qué padre privaría a su hija de la ilusión de recibir una tarjeta de cumpleaños enviándola a otras señas? ¿Por qué resultaba «más fácil así»! Y ante todo: ¿cómo encontraría a Hilde? De esta manera Sofía tuvo otro problema más en que meditar. Intentó ordenar sus pensamientos de nuevo: Esa tarde, en el transcurso de un par de horas, se había encontrado con tres enigmas. Uno era quién había metido los dos sobres blancos en su buzón. El segundo era aquellas difíciles preguntas que presentaban esas cartas. El tercer enigma era quien era Hilde Møller Knag y por qué Sofía había recibido una felicitación de cumpleaños para aquella chica desconocida. (15) Estaba segura de que los tres enigmas estaban, de alguna manera, relacionados entre si, porque justo hasta ese día había tenido una vida completamente normal.
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