miércoles, 20 de abril de 2016

¿NO HAY LUGAR PARA LA FILOSOFÍA HOY?¡¡¡CLARO QUE SÍ!!!




       Estamos asistiendo a una situación incómoda y difícil para quienes nos dedicamos dar clase de Filosofía en este país, dado que las sucesivas ( y excesivas ) reformas educativas que se han hecho a lo largo de la democracia han ido dejando a esta asignatura en una triste figura, quijotesca por lo magra y cada vez más desdibujada, pero también por la tenacidad con la que lucha por defenderse de esta incomprensible tendencia a hacerla desaparecer. Cierto es que el mundo es cada vez más complejo, y la educación tiene que afrontar nuevos retos, pero no a costa de erradicar la fuente de todas las demás ciencias. 

       Tras esta introducción sobre la "cuestión actual" de la asignatura de Filosofía en Secundaria, voy a compartir con vosotros una iniciativa que llevé a cabo el pasado fin de semana para reivindicar el papel de la filosofía dentro del mundo contemporáneo. 

       En la Vega Baja del Segura (provincia de Alicante) se celebra desde hace catorce años unos encuentros de profesores y alumnos de centros de Educación Secundaria de la zona para llevar a la calle y compartir experimentos y estudios de ciencia aplicada, y allí es donde preparé un experimento desde la Filosofía, ya que la Filosofía está en la base de todas las ciencias. Encontré tres alumnos entusiastas, entregados e incondicionales que me secundaron, y tomaron la iniciativa en la totalidad del proyecto, a quienes agradezco enormemente que lo llevaran a cabo. Estos alumnos son: Álvaro Heredia Lidón, Emilio Pérez Pastor y Diego Alejandro Toro Ramírez.


       Nuestro experimento consistía en mostrar los principios de la computación, los primeros pasos de los ordenadores y smartphones, entre otros muchos aparatos que usamos a diario tal como los estableció Alan Turing. Diseñamos una máquina de Turing muy casera, pero muy eficaz con una pizarra cuadriculada, rotuladores y borrador; todo el trabajo experimental estaba en la programación de las acciones que tal "máquina" llevaba a cabo. 



       Para completar el experimento, hacíamos el test de Turing, para determinar si hablamos con un humano o con una máquina, y una vez más, su imaginación hizo diseñar una acción interactiva con el público que tuvo mucho éxito. A la vez, a quienes se sometían a la prueba, se les hacía reflexionar acerca de lo que diferencia y hace único al hombre;  es decir: sacábamos a colación la cuestión esencial de la antropología filosófica, y ello sin que la gente hiciera aspavientos por pensar o darse cuenta de que hasta en la vida diaria la filosofía lo invade todo, y que erradicar la filosofía de la educación y la sociedad es una tarea insensata, a la vez que imposible.