miércoles, 28 de mayo de 2014

Mounier

                 
   

    En este caso os pongo un extracto del pensamiento y la figura de Enmanuel Mounier, figura destacada del Personalismo, una forma de interpretar a la persona desde una óptica integradora y espiritual.

    Al final del extracto encontraréis la referencia de la página de donde ha salido esta información.


     Pensamiento

Manual al servicio del personalismo (extracto)

Enmanuel Mounier *

La civilización burguesa e individualista, dueña hace pocos años de todo el mundo occidental, aún se halla en él firmemente instalada. Las mismas sociedades que la han proscrito oficialmente siguen todas impregnadas de ella. Adherida a los cimientos de una cristiandad a la que contribuye a dislocar, mezclada con los vestigios de la época feudal y militar, con las primeras cristalizaciones socialistas, produce, con los unos y las otras, unas amalgamas más o menos homogéneas, el estudio de cuyas variedades sería demasiado extenso hacer. Nos contentaremos con examinar su último estado histórico y destacar sus líneas dominantes, sin perjuicio de las temperanzas más o menos felices que le aportan aquí y allá el azar de las mescolanzas o el ingenio de las personas vivas.

Hemos escogido para designar a esta civilización un término significativo, pero con el que no queremos cometer ninguna injusticia. Cierta forma de caricaturizar a cualquier burguesía, igual que determinados tópicos de la pluma y del dibujo, familiares a la prensa de izquierdas, descienden muy a menudo a una mayor vulgaridad que sus modelos. Tampoco desconocemos, en lo que a nosotros respecta, las virtudes y, sobre todo, las virtudes privadas que impregnan aún algunos hogares privilegiados de la sociedad burguesa. Ni mucho menos ignoramos el sentido vivo de la libertad y de la dignidad humana que anima a ciertas apologías a favor del individualismo más profundamente que los errores cuyas fórmulas propagan. Pero, en el perfil límite que dibujaremos de la civilización burguesa, todas las resistencias secundarias son arrastradas poco a poco, y en ello radica su realidad tiránica.

Desde este ángulo, la concepción burguesa es la culminación de un período de civilización que se desarrolla desde el Renacimiento hasta nuestro días. Procede ella, en su origen, de una rebelión del individuo contra una estructura social que se hizo demasiado pesada y contra una estructura espiritual cristalizada. Esta rebelión no era en su totalidad desordenada y anárquica. En ella latían unas exigencias legítimas de la persona. Pero pronto se desvió hacia una concepción tan estrecha del individuo que llevaba en sí desde el comienzo su principio de decadencia. La atención orientada hacia el hombre singular no es, como a veces parece creerse, disolvente en sí misma de las comunidades sociales; pero la experiencia ha mostrado que toda descomposición de estas comunidades se establece sobre un hundimiento del ideal personal propuesto a cada uno de sus miembros. El individualismo es una decadencia del individuo antes de ser un aislamiento del individuo; ha aislado a los hombres en la medida en que les ha envilecido.

Decadencia del individuo: del héroe al burgués

La era individualista ha partido de una fase heroica. Su primer ideal humano, el héroe, es el hombre que combate solitario contra potencias masivas, y en su combate singular hace estallar los límites del hombre. Sus tipos viriles son: el conquistador, el tirano, el Reformador, el Don Juan. Sus virtudes: la aventura, la audacia, la independencia, la fiereza, la destreza también, pero sólo en la medida en que duplica la audacia.

Bajo formas llenas de prudencia, civilizadas: defensa de la iniciativa, del riesgo, de la emulación, los últimos fieles del liberalismo intentan actuar aún con el prestigio de sus orígenes. No pueden hacerlo más que disimulando, con ello, el desamparo o la degradación en que la ciudad burguesa ha dejado estos valores. Durante un tiempo, efectivamente, los jefes de empresa, o incluso ciertos aventureros de las finanzas, han continuado mediante operaciones que nosotros no defenderemos una tradición de altos vuelos. Mientras lucharon con cosas y con hombres, es decir, con una materia resistente y viva, templaron de ese modo una virtud innegable, hecha de astucia y a menudo de ascetismo. Al extender a los cinco continentes el campo de sus conquistas, el capitalismo industrial les dio unas posibilidades provisionales de aventura; pero, cuando inventó la fecundidad automática del dinero, el capitalismo financiero les abrió al mismo tiempo un mundo de facilidades donde toda tensión vital iba a desaparecer. Las cosas con su ritmo, las resistencias, el paso del tiempo, se disuelven bajo el poder infinitamente multiplicado que confiere, no ya un trabajo a la medida de las fuerzas naturales, sino un juego especulativo, el de la ganancia obtenida sin prestar ningún servicio, tipo al que tiende a asimilarse toda ganancia capitalista. A las pasiones de la aventura se sustituyen entonces progresivamente, los blandos goces del confort; a la conquista, el bien mecánico, impersonal, distribuidor automático de un placer sin exceso ni peligro, regular, perpetuo: el que distribuyen la máquina y la renta. Una vez que se ha internado por los caminos de esa facilidad inhumana, una civilización no crea ya para suscitar nuevas creaciones, sino que sus mismas creaciones fabrican una inercia cada vez más tranquila. Dos atletas, con ayuda de la publicidad arrastran a veinte mil individuos a sentarse en un estadio creyéndose amantes del deporte. Un Branly, un Marconi, hacen posible que veinte millones de personas estén clavados en sus sillones; un ejército de accionistas, de rentistas, de funcionarios viven parásitos de una industria que, por otra parte, cada día necesita menos manos de obra y, salvo un número pequeño, menos cualificada.

De esa manera, la sustitución de la ganancia industrial por el beneficio de especulación, y de los valores de creación por los valores de la comodidad, han usurpado poco a poco el ideal individualista, y abierto el camino en las clases dirigentes primero, y después, por descensos sucesivos, hasta en las clases populares, a este espíritu que llamamos burgués a causa de sus orígenes y que se nos presenta como el más exacto antípoda de toda espiritualidad.

¿Cuáles son sus valores? Por un gesto de orgullo viril, ha conservado el gusto por el poder, pero por un poder fácil, ante el cual el dinero disipa el obstáculo y ahorra una conquista de frente; un poder, además, garantizado contra todo riesgo, una seguridad. Tal es la victoria mediocre soñada por el rico de la Edad Moderna; la especulación y la mecánica la han puesto al alcance del primer recién llegado. No es ya el dominio del señor feudal, unido a sus bienes y a sus vasallos, ni es incluso, en el peor de los casos, la opresión de un hombre sobre otros hombres. El dinero separa. Separa al hombre del combate con las fuerzas al nivelar las resistencias; le separa de los hombres al comercializar toda relación, al falsear las palabras y las conductas, al aislar en sí mismo, lejos de los vivos reproches de la miseria, en sus barrios, en sus escuelas, en sus vestidos, en sus vagones, en sus hoteles, en sus relaciones, en sus misas, al que no sabe ya soportar más que el espectáculo cien veces reflejado de su propia seguridad. Henos aquí lejos del héroe. El rico de la vieja época, incluso está en vías de desaparecer. No hay ya sobre el altar de esa triste iglesia más que un dios sonriente y horriblemente simpático: el Burgués. El hombre que ha perdido el sentido del Ser, que no se mueve más que entre cosas, cosas utilizables, despojadas de su misterio. El hombre que ha perdido el amor; cristiano sin inquietud, incrédulo sin pasión, hace tambalear el universo de las virtudes, en su loca carrera hacia el infinito, alrededor de un pequeño sistema de tranquilidad psicológica y social: dicha, salud, sentido común, equilibrio, placer de vivir, confort. El confort es, en el mundo burgués, lo que el heroísmo era en el Renacimiento y la santidad en la Cristiandad medieval: el valor último, móvil de la acción.

El confort pone a su disposición a la consideración y a la reivindicación. La consideración es la suprema aspiración social del espíritu burgués; cuando ya no encuentra gozo en su confort, encuentra al menos una vanidad en la reputación que posee con él. La reivindicación es su actividad fundamental. Del Derecho, que es una organización de la justicia, él ha hecho la fortaleza de sus injusticias, de ahí su radical juridicismo. Aunque ama muy poco las cosas que acapara, es sumamente susceptible en cuanto a la conciencia de su derecho presunto, que para un hombre de orden supone la más alta forma de conciencia de sí mismo. No existiendo más que en el Haber, el burgués se define, ante todo, como propietario. Está poseído por sus bienes: la propiedad ha sustituido a la posesión.

Entre este espíritu burgués, satisfecho de su seguridad, y el espíritu pequeño burgués, inquieto por alcanzarla, no existe diferencia alguna de naturaleza, sino únicamente de grado y de medios. Los valores del pequeño burgués son los del rico, encanijados por la indigencia y la envidia. Roído hasta en su vida privada por la preocupación de "progresar", igual que el burgués está roído por la preocupación de la consideración, no tiene más que un pensamiento: llegar. Y para llegar, un medio que él erigirá en supremo valor: la economía; no la economía del pobre, débil garantía contra un mundo en que toda desdicha es para él, sino la economía avara, llena de precauciones, de una seguridad que avanza paso a paso; la economía a costa de la alegría, la fantasía, la bondad: la lamentable avaricia de su vida aburrida y vacía.

Emmanuel Mounier (1905-1950).- Manifiesto al servicio del personalismo (1936)


Extraído de: "Antologías" Página del profesor M. Cobaleda


Enmanuel Mounier (1905-1950): Personalista francés


"El primer punto de referencia aquí debería ser el lugar adecuado del Estado. El Estado, repitamos, no es la nación, ni siquiera es una condición que debe ser cumplida antes de que la nación pueda llegar a existir. Sólo los fascistas proclaman abiertamente que su meta es el bien del Estado. El Estado es aquello que le da objetividad, fuerza y concentración, a los derechos humanos; emerge espontáneamente de la vida de los grupos organizados, y en este respecto, es la garantía institucional de la persona. El Estado está hecho para el hombre, no el hombre para el Estado."

Emmanuel Mounier nació en 1905 en Grenoble. Sus estudios incluyeron entrenamiento en filosofía en su ciudad natal y luego en París. El estaba particularmente intrigado por los escritos tanto de Charles Peguy, acerca de quién escribió un libro, y de Nikolai Berdyaev. Un profesorado en filosofía en el Liceo De Saint Omer marcó una distinguida carrera universitaria. El abandonó el puesto en 1932 para publicar Esprit, un periódico que el esperaba iluminara un tanto espiritualmente a la malicia religiosa de Francia. Fue en este periódico en el que los principios del personalismo fueron por primera vez lanzados. Aunque la circulación del Esprit fue discontinuada en 191 debido a su prohibición por parte del gobierno, esto no silenció a Mounier mientras se convertía en un miembro activo de la Resistencia. Fue capturado en un momento, pero más tarde libertado luego de declararse en huelga de hambre. Cuándo termino la guerra, el se dirigió a la Sociedad Personalista de Londres y dio clases brevemente en el Institut Francais. Desafortunadamente, su capacidad de trabajo no pudo mantener el paso con su tenacidad física; el murió prematuramente de un ataque al corazón en 1950.

Los estudios de Mounier coincidieron con la creciente desilusión y fermentación que alimentó la filosofía existencial francesa luego de la Primera Guerra Mundial. So primer volumen académico, de hecho, fue realmente una introducción al existencialismo de la época. Sus escritos acerca de esta tensión filosófica, sin embargo, no implicaban que el estaba totalmente de acuerdo con las ideas perpetuadas por tales pensadores como Jean Paul Sartre. Mounier se negó a alinearse con la abandonada visión del hombre que tenían los principales existencialistas; en cambio, él postuló la existencia como "un empuje de energía una búsqueda por esperanza y amor, una invocación a aquello que está más allá de la existencia del hombre." (No Temáis XXIII). El entendimiento cuasi cristiano de Mounier del florecimiento humano, proveyó la piedra angular de lo que más tarde se conoció como el personalismo, una filosofía que buscaba reemplazar el existencialismo ateo de Sartre. La filosofía de Mounier proyectó un entendimiento alternativo de la persona, la libertad y el estado, no sólo en contra de la fatalista visión de Sartre, sino también en contra de la errónea antropología de Karl Marx.

Si Mounier tenía algo en común con Sartre, fue su aversión a la filosofía sistemática. Un sistema intenta predecir las acciones de las personas y sus respuestas a varios estímulos a un nivel muy objetivo, lo que significa que ciertos efectos se esperan siempre luego de ciertas causas. Mounier le agrega una capa de subjetividad a la epistemología del personalismo, en la espera de tomar en cuenta las varias experiencias que son únicas a cada ser humano. De acuerdo con su fe en la libertad creativa de la persona humana, Mounier se niega a aceptar jerarquías sistemáticas, sobre regimentadas e impersonales. Es la afición y tendencia humana por la creatividad espontánea la que hace de las fórmulas económicas y sociales insuficientes para explicar el alcance y la predecibilidad de la actividad humana.

La complejidad de la actividad humana es meramente una reflexión de la complejidad del ser humano. El hombre es todo cuerpo, por supuesto —una afirmación con la cual un Marxista, Leninista o existencialista, estaría de acuerdo- pero también, es todo espíritu. Esta última noción restaura la dignidad inherente que Sartre rechaza, mientras combate la convicción de Marx, de que el hombre es únicamente cuerpo. El hombre no puede existir sin el cuerpo, ciertamente, pero es el reconocimiento de su espíritu el que completa la antropología que Marx rechaza. Mounier utiliza la expresión de "existencia encarnada" para connotar la unidad entre cuerpo y espíritu. Es el espíritu el que nutre el pensamiento, y el cuerpo quien lleva el pensamiento a la expresión: "No puedo pensar sin ser, y no puedo ser sin mi cuerpo, el cual es mi exposición —a mí mismo, al mundo, a todos los demás: a través de él solamente puedo escapar la soledad de un pensamiento que sería solamente un pensamiento acerca del pensamiento." En resumen, la existencia objetiva del cuerpo, combinada con las experiencias subjetivas del espíritu, actualizan a la persona.

La terminología de Mounier es crítica para entender sus ideas acerca de la sociedad. El compuesto que conforma a la persona nos necesariamente un sinónimo con el uso de Mounier del término "individuo". El individuo es aquel cuyo ego y libertad indirecta e ilimitada disminuye su sentido de vocación moral, específicamente hacia otros. Esta es la "libertad" expuesta por los existencialistas, especialmente Sartre, pero esta es una fuerza aislante, que restringe al hombre a trabajar para sí mismo para darle sentido a su aparentemente innecesaria existencia. Mounier, sin embargo, argumenta que el aislamiento del hombre permanecerá penetrante hasta que renueve su sentido de vocación moral, algo es posible solamente en una comunidad. La persona y la vocación, en las palabras de Mounier, son posibles "sólo en su sin igual obediencia al orden de Dios, el cual es llamado "amor al prójimo"’. Amar a otros involucra las relaciones interpersonales y la interacción comunitaria, cuyo resultado es "reconciliar al hombre a sí mismo, exaltarle y transfigurarle." Esto deja al hombre abierto a experiencias y a la trascendencia, experiencias que no están disponibles al individuo aislado. "Entonces, si la primera condición del individualismo es la centralización del individuo en sí mismo," concluye Mounier, "la primera condición del personalismo es su descentralización, para poder colocarle en las perspectivas abiertas de la vida personal."

Al extranjero, el énfasis de Mounier en la comunidad y su habilidad para ayudar al individuo en la trascendencia de sí mismo podría indicar tendencias marxistas. A pesar de que Mounier reconoce que el personalismo tiene algún compañerismo con la filosofía de Marx, las diferencias, el cree, son significativas: "Un marxismo que está entonces abierto no puede estar lejos del realismo personalista, si se uno con la inspiración original de Marx, que se enfocaba, más que en el desorden de las cosas, en la alienación de la persona y enfocada, más allá de la adaptación de la sociedad, a la liberación del hombre. Es cierto que el personalismo ilumina más el campo de la interioridad y la trascendencia que la mayoría del Marxismo." (No Temáis 172). Al enfatizar la "interioridad" cambia radicalmente el lugar de la persona humana en el entendimiento marxista de la economía. Cuando una persona existe solamente como una tuerca en una máquina productora de riqueza, sólo en su aspecto físico, o aquello que fabrica los medios para la prosperidad, pierde su valor. Para prevenir que la persona se convierta en el medio para un fin económico impersonal, Mounier respondió al fracaso marxista al reconocer la dimensión espiritual del hombre. Sin tomar la naturaleza dual del hombre en cuenta, el trabajo, por ejemplo, se puede convertir en una actividad degradante y deshumanizante.

Mounier también tenía poca simpatía por un gobierno intrometido en las vidas de las personas. Para Mounier, la mera existencia del estado es una admisión social de que el hombre puede ejercer poder sobre el hombre, una noción que es engañosa a la idea personalista de comunidad. El argumenta, sin embargo, que la inevitabilidad del estado no necesariamente le otorga autoridad. En cambio, su autoridad deviene de personas libres que dependen de ella para preservar sus libertades dirigidas. Si una persona ejerce adecuadamente su libertad, entonces el estadio no debería ser una inconveniencia en las vidas de la ciudadanía. Para Mounier, "El hombre libre es aquel a quién el mundo le plantea cuestiones y las resuelve adecuadamente; es el hombre responsable. La libertad de este tipo es una fuerza que une, no que divide, y lejos de tender a la anarquía, es, en el sentido original de la palabra, religiosa y devota." (Personalismo 64). En esencia, cuando la libertad existe como un fin en sí mismo, removida de su aplicación religiosa, "centraliza" al hombre en sí mismo, causando división en las comunidades. Cuando esto ocurre, los individuos, no las personas, ven hacia el estado para que les provea aquello que la comunidad puede proveer. Una sociedad de individuos, entonces, no puede prevenir por mucho tiempo el advenimiento del estatismo.

La corta vida de Emmanuel Mounier tuvo un profundo impacto en el panorama filosófico de la Europa moderna. Su preocupación no era el formular un nuevo sistema de economía o el diseñar un estado utópico fuera de la tierra de desecho social de la Europa de postguerra. En cambio, Mounier buscaba preservar la dignidad humana que la Primera Guerra Mundial había desestabilizado. El buscó no sólo en los principios de la fe cristiana para apoyar sus argumentos, sino también a un tipo de filosofía humanística, las cuales le ayudaron en su ataque a la desesperación y existencialismo ateo. Su trabajo serviría más adelante de inspiración para muchos, incluyendo al Papa Juan Pablo II, y otras luminarias religiosas.

Pequeña Bibliografía de las Obras Principales de Emmanuel Mounier

Manifiesto Personalista Trad. Monjes de la Abadía de San Juan. Londres: Longmans, Green and Co., 1938
No Temáis: Estudios de Sociología Personalista Trad. Cynthia Rowland. Londres: Rockliff, 1951
El Carácter del Hombre Trad. Cynthia Rowland. Londres: Rockliff, 1956.
El Despojo de los Violentos Trad. Katherine Watson. West Nyack: Cross Currents, 1955
Personalismo Trad. Philip Mariet. Universidad de Notre Dame, 1952.
Oeuvres París, Ediciones du Seuil, 1961-63. 4 vols.


Fuente: http://es.geocities.com/paginatransversal/mounier/index.htlm



miércoles, 16 de abril de 2014

LA EXPERIENCIA PEDAGÓGICA DE WITTGENSTEIN

      El presente estudio fue una colaboración para  el número 2 de la revista “Aletheia” , hecha por el Seminario Permanente de Filosofía de la Vega Baja, y publicada en el año 1992 en Orihuela (Alicante). La transcripción es literal, y no recoge los estudios   sobre Wittgenstein posteriores a los primeros años 90 del pasado siglo.


UNA EXPERIENCIA PEDAGÓGICA



I

   En el distrito de Neunkirchen, en la Baja Austria, todos los años se celebra un congreso sobre Wittgenstein.

   En  este mismo distrito, en las aldeas Trattenbach, Otterthal y Puchberg, hubo entre 1920 y 1926 un maestro de escuela primaria excepcional: Ludwig Wittgenstein. Todavía hay personas vivas que conocieron directamente a este singular personaje, de reconocida fortuna, pero que vivía casi en la pobreza.

II

   Gracias a la publicación de Los Diarios Secretos de Wittgenstein en 1985 (1), tenemos un conocimiento directo de las vicisitudes personales del autor en los años de la Primera Guerra Mundial, cuando servía en el ejército austríaco como voluntario.

   Desde agosto de 1914 tomó la costumbre de anotar todo lo que sucedía en el frente, así como sus reflexiones filosóficas, que desembocarían en las páginas más enigmáticas de la historia de la filosofía: el Tractatus Logico – Philosophicus.



   En los diarios arriba mencionados, asistimos a la evolución del pensador, de un joven vienés formado como ingeniero en Austria y en Inglaterra, que se interesó por problemas filosóficos a raíz de cuestiones matemáticas, de un hombre grave con un agudo sentido de la ética y una profunda preocupación por vivir religiosamente, aun cuando no observara ninguna práctica religiosa.

   En estos mismos textos las referencias a Tolstoi y su Breve exposición del Evangelio son muy numerosas, llegando incluso a reconocer en una carta a von Ficker (2) que:”(…) En su momento fue este libro el que a mi me mantuvo realmente en vida (…)”.

III

   No cabe duda que vivir en primera línea de fuego una guerra es una experiencia que deja una huella indeleble. En 1918 Wittgenstein pasa a un campo de prisioneros en Montecassino, al norte de Italia. Se negó a cualquier tipo de intervención por parte de su familia o amistades inglesas – tan influyentes como Russell – para ser liberado, o incluso, recibir ayuda económica o en alimentos de ningún tipo. No consideraba ético no compartir exactamente el mismo destino que todos sus compañeros de cautiverio.

   A lo largo de los Diarios Secretos vemos que Wittgenstein no tiene un gran aprecio por la gente que lo rodea – los suele tachar de “indecentes”, “zafios” y “limitados” en sentido intelectual. Sin embargo, sabe que son su prójimo, y debe aprender a convivir con ellos, y utilizar su paciencia como arma. Quizá lo ha conseguido, y lo muestra con esa solidaridad. No obstante, sus relaciones humanas seguirán siendo siempre difíciles.

   A pesar de todas las dificultades, en el campo de prisioneros hace, al menos, una amistad que tendrá cierta proyección en su vida futura, un joven oficial llamado Frank Parak, el cual escribía relatos y poemas para leer entre los prisioneros. Wittgenstein se interesó por él en cuento tuvo noticias de su labor, y a pesar de devolverle el relato que le había prestado lleno de correcciones, aduciendo que “…al escribir, se debería procurar siempre representarse con claridad las cosas y buscar las palabras que coincidiesen exactamente con lo representado” (3), la amistad surgió entre ambos. Y Parak conoció, de primera mano y con aclaraciones del propio autor, lo que era el Tractatus.

IV

   Pero no es precisamente el Tractatus en sí mismo lo que ahora nos ocupa, sino más bien lo que viene después de él, después de la proposición siete con su petición de silencio ante aquello “de lo que no se puede hablar”. Wittgenstein ha tirado la escalera y ya no quiere saber nada de la filosofía.

   “Yo ya había notado en su libro un cierto asomo de misticismo, pero me he quedado completamente asombrado al comprobar que Wittgenstein se ha convertido por completo en un místico”, escribe Russell a lady Ottoline en diciembre de 1919, tras su primer encuentro con Wittgenstein después de la guerra, ocurrido en La Haya.

   Ciertamente, algo había cambiado en el vienés, muy influido ahora por los literatos rusos que, como Tolstoi o Dostoievski, cantan la pureza de costumbres y de espíritu de los campesinos rusos. Si a ello añadimos que, en el campo de prisioneros un cierto número de ellos preparaba su ingreso en la Escuela de Magisterio, tendremos la génesis de lo que será la vida de Wittgenstein en los siguientes años: un maestro de escuela primaria en aldeas de Austria. Allí irá buscando pureza y decencia – siguiendo a Tolstoi – y, no solo en los campesinos, sino también dentro de sí mismo, ya que, como le confesó a un compañero de profesión docente:”hubo un tiempo en que estuve dándole vueltas a la idea de hacerme arquitecto o boticario. Pero caí en la cuenta de que no podía encontrar en esas profesiones lo que yo buscaba. En el fondo, cuando uno ejerce esos oficios, y también otros, únicamente es un tendero. Lo que yo quiero es irme al otro barrio siendo una persona decente” (4).Así, al abandonar el campo de prisioneros y volver a Viena, se matriculó en el último curso de la Escuela de Magisterio.

V

   Se ha solido señalar esta experiencia docente de Wittgenstein como una consecuencia ética del Tractatus: mostrar lo indecible. Pero, a partir de los años setenta, cuando comenzaron a ser más numerosos los estudios sobre Wittgenstein, se apunta también al ejercicio de la docencia entendido como una especie de sacerdocio.

   William Bartley III en su polémica obra, Wittgenstein (5), apunta la posibilidad de que Wittgenstein buscara en ello un cierto seguimiento de Jesucristo como modelo, aunque no se atreve a afirmarlo tajantemente (6).

  Baum, algo más documentado nos dice que: “A su amigo Parak le explicó que lo que más le gustaría es ser sacerdote. Pero como no se sentía con ganas de iniciar unos estudios teológicos que duraban ocho semestres, decidió hacerse maestro de escuela primaria.(…)Wittgenstein le dijo a Parak que, siendo maestro, podría leer a los niños la Biblia en la escuela”(7).

   En este punto hay que contar con la reforma educativa que se llevó a cabo en Austria en los años 20, con sello socialdemócrata y bajo la firma de Otto Glöckel, su artífice, y persona que frecuentaba el palacio de los Wittgenstein en Viena. De ahí a afirmar que la decisión de Ludwig estaba estrechamente relacionada con la obra social que emprendió su familia tras la guerra, apoyando las nuevas tesis educativas, hay un pequeño paso.

   El padre del filósofo, Karl Wittgenstein, afirmaba en 1890 que el mayor obstáculo para el progreso de un país estribaba en los campesinos analfabetos que impedían a sus hijos educarse y salir de la ignorancia. Treinta años más tarde, su hijo menor llegaría a pequeñas aldeas a educarlos y hacerlos recitar de memoria poemas de Keller, Mörike y Schiller.

VI

   Una vez acabada la guerra, Wittgenstein tenía dos preocupaciones fundamentales al reintegrarse a la vida de Viena: la primera, la publicación del Tractatus ; la segunda, ser consecuente con su decisión de dedicarse al magisterio.

   Respecto a la primera, tuvo que confiar en los buenos oficios de Russell para conseguir que se publicara, por primera vez en alemán en 1921.

   La segunda llegó tras repartir toda su fortuna entre sus hermanos y vivir a partir de entonces exclusivamente de su sueldo. En el verano de 1920, desde que salió de la escuela de Magisterio hasta que llegó a la aldea de Trattenbach, trabajó como jardinero en un convento.

VII


   Desde que comenzó su carrera como maestro de escuela en Trattenbach, su fama de excéntrico y loco no hizo sino crecer. Su forma de vestir, siempre con el cuello de la camisa abierto y un capote militar, sus alojamientos en minúsculas habitaciones y su carácter reservado tuvieron bastante que ver con ello.

   Al principio de su nuevo destino escribe entusiasmado a Russell, alabando la belleza y la soledad de los paisajes de alta montaña. Sin embargo, pronto empezará a quejarse de la zafiedad de sus gentes y de su poca disposición para dejarse enseñar.

   Todas las dificultades que tuvo en su relación con los adultos, fueron un camino más despejado con los niños, con sus alumnos, especialmente con los que eran más inteligentes. Baum (9) califica al filósofo de elitista por este motivo, al igual que hace W.W.Bartley III, quien también expone que no hizo esfuerzos por conectar con el campesinado:

   “Durante su vida Wittgenstein enseñó sólo a dos tipos de personas: los privilegiados  adultos que fueron sus estudiantes  colegas de Cambridge y los niños de los campesinos pobres de Austria.Su última filosofía sugiere que aprendió más, y probablemente mucho más, de aquellos niños que lo que aprendió de los adultos” (10).

   En Trattenbach hizo amistad con el párroco, Neururer, hombre de principios, como el mismo Wittgenstein, con quien formaba una buena sociedad: el párroco mediaba entre el filósofo y la comunidad, y Wittgenstein hacía las “buenas obras”.En esta época el vienés reparó una máquina de la fábrica de lana de la localidad, que, de no haber sido por él, hubiera llevado al desempleo a bastantes trabajadores, pues requería que se desmontara y enviara a Viena para su reparación. El maestro lo hizo en dos días y con la única ayuda de cuatro hombres. El pago que insistieron en hacerle, lo pidió en lana, que el párroco repartió entre los niños del pueblo. Fue también el párroco quien lo puso en contacto con los Traht, los granjeros más pobres de la aldea. Wittgenstein siempre comía con ellos, y consideraba a la señora Traht una “verdadera cristiana”.Todavía seguía en  pie su idea de encontrar la decencia entre los campesinos.

VIII

   El sistema educativo heredado de la monarquía de los Ausburgo primaba el memorismo y el respeto a la autoridad; el alumno hacía poco trabajo creativo y su labor era principalmente pasiva. Las reformas propuestas por Glöckel merecieron críticas y alabanzas encendidas.

   Otto Glöckel fue ministro de Educación de la nueva República durante el breve período de un año y medio, pero las reformas impulsadas por él eran a largo plazo, y su objetivo último era transformar las viejas escuelas disciplinarias en escuelas de trabajo; se buscaba la pedagogía activa, el aprendizaje a través del trabajo del alumno. A pesar de ser bastante impopular en Austria, este principio mereció la atención y los elogios del Instituto Rousseau de Ginebra, que llamaría, a partir de entonces, a Viena  “la meca de la pedagogía”.

   No tenemos datos sobre el entusiasmo o falta de él  de Wittgenstein por la reforma, pero sí podemos hablar de su “pedagogía” concreta: los alumnos trabajaban en sus clases como no lo habían hecho nunca. Y adoraban a su profesor.


   Todavía queda en el pueblo de Puchberg un esqueleto de gato que Wittgenstein construyó para sus alumnos, al igual que había hecho en Trattenbach y haría en Otterthal. También hizo modelos de máquinas, poleas y palancas para MOSTRAR a los alumnos lo que debían aprender. La preparación que les dio en matemáticas era mucho más avanzada que la que era usual en la época.

   El filósofo intentaba motivar a aquellos alumnos cuya capacidad intelectual era mayor, para continuar después del horario normal de clase con horas adicionales de estudio con él. Así fue como intentó que, al menos, dos de sus alumnos siguieran cursos superiores en Viena, ayudando a que fueran y se instalaran allí, y haciendo que su amigo Ludwig Hänsel – catedrático de instituto – los examinase de externos para acceder al instituto. En este punto le dio la razón a su padre, cuando en 1890 afirmaba que el campesino era un obstáculo para el progreso, y llegó a pensar que Tolstoi era un ingenuo. Los padres no accedieron a que sus hijos continuaran estudios en Viena, pues debían trabajar en la granja o en la fábrica de lana, y aportar dinero a la familia en vez de mermarlo. Con el tercer alumno sobresaliente que se encontró, Fuchs, hijo de un zapatero, sólo lo preparó fuera de las horas de clase, pero ya no intentó que siguiera estudios superiores. Cuando el joven le comunicó a su profesor que quería ser zapatero como su padre, Wittgenstein le contestó que le parecía bien, que un hombre debía tener algo “decente” que hacer. Y fue zapatero, pero sabía latín, griego y matemáticas.

   Como profesor, llevaba a sus alumnos de excursión a la cercana localidad de Gloggnitz, a visitar una imprenta y ver su funcionamiento, o a Viena, a ver la ciudad y reconocer en calles y museos todo lo que se había visto en clase: estilos arquitectónicos, pictóricos y las máquinas de las que habían hecho modelos, en un suerte de Tractatus aplicado, al combinar la teoría – el decir – con la propia experiencia de lo que se mostraba.

IX

   La publicación del Tractatus no resultó una tarea fácil, y cuando en 1920 Wittgenstein comenzó su carrera docente, dejó el asunto en manos de Russell; él lo había intentado sin éxito desde que salió del campo de prisioneros hasta que se fue a Trattenbach.

   Finalmente se publicó en alemán en “Annalen der Naturphilosophie” en 1921, y al año siguiente se publicó en inglés, en  una traducción de C.K. Odgen, antiguo compañero de estudios de Wittgenstein en Cambridge. La correspondencia con Odgen y Ramsey comenzó a ser más intensa, y este último llegó a visitar a Wittgenstein en Puchberg. En esta misma época, el filósofo comenzó a tener contactos con Moritz Schlick, cabeza  visible del Círculo de Viena.

   No sería hasta 1929 cuando decidiera volver a la filosofía y a Inglaterra. Todavía no estaba decepcionado con su experiencia con los campesinos.

   Tras la publicación del Tractatus Wittgenstein preparó la segunda obra que daría él mismo a la imprenta: el Wortebuch für Volsschulen (Vocabulario o Diccionario para las escuelas primarias) en 1926. En sus clases, Wittgenstein solía hacer listas de palabras para que los alumnos copiaran de la pizarra y aprendieran su ortografía y el uso que de ellas se hacía. Estas palabras eran tanto en alemán estándar –Plattdeusch – como en el dialecto que sus alumnos hablaban. Wittgenstein consideraba que las gramáticas para uso escolar que existían eran inadecuadas, por tomar los ejemplos de la literatura, y siempre en Plattdeusch, hallándose , en cualquier caso, lejos del vocabulario de aquellos que debían usarlas. Él comenzó dando cabida al lenguaje cotidiano y a las anomalías que en él se producían; de ahí se llegaba hasta la norma general. Hacía el camino al contrario que las gramáticas tradicionales: partía de lo extraordinario para acceder a la norma. ¿Cuánto de este trabajo hay en las Investigaciones Filosóficas y sus juegos de lenguaje y en los múltiples ejemplos de cómo un niño aprende a usar una lengua e interiorizar sus reglas?


X

   Se  puede decir que, a su manera, Wittgenstein fue feliz dentro de esta experiencia; al menos los niños y las personas “auténticamente cristianas”, como Neururer y los Traht, habían llevado un poco de calma a este espíritu agitado.

   Sin embargo, algunos de estos niños lo llevarían lejos de esta profesión, a la que ya no volvió. Wittgenstein castigaba a sus alumnos cuando éstos lo merecían (no olvidemos la rigidez de su código moral), y que solía ser cuando los descubría tras cometer alguna “falta contra la honestidad”, es decir: mintiendo. No parece que el castigo fuera más allá de algún cachete. Sin embargo, en Otterthal, 1926, parece que se dio una “conspiración” contra el filósofo, ya que hubo alumnos que se desmayaron por las “sádicas” palizas que el profesor les propinaba, o por sangrarles la nariz tras un cachete. Su impopularidad entre los adultos y la exageración de los pequeños pusieron a Wittgenstein delante de un tribunal para dilucidar su responsabilidad ante tales hechos. A pesar de pasar el análisis psiquiátrico al que fue sometido, y ser declarado inocente de los cargos, el filósofo renunciaría a continuar con la labor que había comenzado hacía seis años.

   Ni rastro de Tolstoi en aquellos parajes.

EPÍLOGO

   Cuando Wittgenstein abandonó el magisterio, no volvió inmediatamente a la filosofía. Trabajó como jardinero en un convento una vez más, hasta que en 1927 comienza a trabajar con Engelmann en la construcción de la casa para su hermana Margarethe en la Kundmangasse de Viena – que todavía hoy se conserva, ahora como sede de la Embajada de Bulgaria en la ciudad. Llegó a inscribirse en el directorio de Viena como “arquitecto”.

   La casa de la Kundmangasse merece ella sola un capítulo aparte, pues es el Tractatus hecho artefacto, y una construcción con muchas similitudes con las obras de Adolf Loos, otro ejemplo de persona íntegra y honesta de Viena, empeñado en mantener la separación entre arquitectura y decoración, lo interno y lo externo, en cierta sintonía con la distinción entre el decir y el mostrar tractariano. Curiosamente, Loos, que vivía de forma bastante precaria, había recibido parte de la fortuna de Ludwig Wittgenstein antes de la guerra. Cuando murió el patriarca Karl Wittgenstein en 1913, Ludwig dio una parte considerable de su fortuna a von Ficker para que la repartiera entre artistas sin recursos. Loos fue uno de estos receptores, aunque nunca supo quién había sido su benefactor.



En 1929 Witggenstein vuelve a Cambridge, se doctora con el Tractatus y comienza lo que ha dado en llamarse “la segunda época de Wittgenstein”.

   De los años que aquí nos han ocupado, poco se suele decir; se toma como la etapa de silencio. Sea como sea, este período es un escalón más en la evolución personal de un hombre íntegro y honesto. Un genio, además.


NOTAS

(1)     Revista “SABER”, números 5 (septiembre –octubre 1985) y 6 (noviembre – diciembre 1985). Barcelona. Fue la primera publicación íntegra de estos textos. W. Baum, en su Introducción  a los Diarios Secretos de Ludwig Wittgenstein en el número 5 de la publicación, cuenta con todo detalle las vicisitudes que conllevó la misma, así como del comportamiento de los herederos del legado de Wittgenstein ante la publicación de algo que no se adaptaba a su propia interpretación.
(2)     Carta a von Ficker de 24 de julio de 1915. Revista “SABER” nº 6. De esta época no quedan cuadernos de diarios; tan solo han sobrevivido cinco cartas, cuatro a von Ficker – de las cuales ésta es la primera – y una a Russell.
(3)     Baum,W.: Ludwig Wittgenstein, pág. 102. Alianza Editorial. Madrid, 1985.
(4)     Baum, W.: Op. cit., pág. 132.
(5)     Bartley III, W.W.:Wittgenstein. Ed. Cátedra.Colección Teorema. Madrid,1987. La primera vez que se publicó esta obra en Estados Unidos (1972), suscitó una gran polémica, pues parecía apuntar a inclinaciones homosexuales en Wittgenstein. La reacción de los albaceas testamentarios y algunos familiares del filósofo fueron bastante violentas, pretendiendo que se retirara la publicación. No lo consiguieron y comenzaron una labor de desprestigio en el The Times Literary Supplement. La edición española recoge el “Epílogo 1982”, donde el autor aclara esta polémica.
(6)     W.W.Bartley III, o.cit., págs 88 y 89.
(7)     W. Baum. Op.cit, pág. 106
(8)     W. Baum.Op. cit, pág.131.
(9)     W. Baum, op.cit, pág 132: “El estilo de Wittgenstein era, antes bien, autoritario y elitista; quería favorecer a los jóvenes que tuvieran talento; por los alumnos menos dotados sentía menos interés”.
(10) W.W.Bartley III, op. cit., pág. 104.

Ángeles Boix 


   

miércoles, 9 de abril de 2014

JEAN JACQUES  ROUSSEAU

1.- La Ilustración francesa y la Enciclopedia.

            Entre los orígenes de la Ilustración francesa se encuentran:

a.- El RACIONALISMO CARTESIANO, sobre todo en lo referente a anteponer la razón a la autoridad y el mecanicismo a la acción de Dios.

b.- EL DICCIONARIO HISTÓRICO Y CRÍTICO DE BAYLE, en el que aboga por una moral sin religión y hace un análisis crítico del pasado.

c.- El EMPIRISMO INGLÉS, concretamente en las figuras de:

-Bacon y su enfrentamiento a la naturaleza sin prejuicios.
-Locke y su epistemología empirista, así como su teoría política liberal.
-El mecanicismo Newtoniano.

            La ENCICLOPEDIA busca difundir la cultura y crear opinión crítica y antidogmática, así como criticar los prejuicios admitidos por la tradición.

            Los FILÓSOFOS son los encargados de propagar las nuevas ideas por salones y por medio de sus escritos.,
Entre sus características generales destacan:

            a)CRÍTICA A LA RELIGIÓN Y LA METAFÍSICA.
En religión hay una gran diversidad de opiniones, desde el deísmo de Voltaire al ateísmo de La Metrie o la religión natural de Rousseau.
La razón debe apoyarse en los sentidos, de ahí la crítica a la metafísica.

            b)FILOSOFÍA DE LA HISTORIA Y PENSAMIENTO POLÍTICO.

Voltaire y Montesquieu comienzan a entender la historia como progreso y querrán elevarla a la categoría de ciencia.
Montesquieu y Rousseau acuñan la moderna democracia.

2.- Vida y obras.
Nace en Ginebra en 1712, de donde huyó para refugiarse en casa de la baronesa de Warens, donde se instruye. Más tarde entra en contacto con los enciclopedistas.

            En 1749 gana un premio de ensayo convocado por la Academia de Dijon, con el título de Discurso sobre las ciencias y las artes, en el cual sostiene que éstas no han ayudado al progreso del hombre, sino que lo han corrompido.

            En 1.758 escribe el Discurso sobre la desigualdad entre los hombres.

            En 1762 escribe la Nueva Eloísa  ,  El contrato social  y Emilio, y se desata un gran escándalo y tiene que huir de París, refugiándose en casa de Hume.
           
            En 1.778 muere en Erménonvillle.

            Su influencia será capital en la revolución francesa y en el Romanticismo (la naturaleza).






3.- Crítica de la civilización.
El programa ilustrado muestra la historia como progreso: lal razón guía a nuevos descubrimientos y aplicaciones que dominan la naturaleza.
            Según Rousseau, el desarrollo de las artes y las ciencias sólo ha traído consigo la desigualdad, y con ella la ambición, el deseo de cosas supérfluas, mentira, impostura , dependencia de unos hombres respecto a otros y de los instrumentos, haciéndolos débiles.

4.- El estado de naturaleza.
Es una hipótesis de trabajo, no una realidad histórica. Por medio de ella se llega a postular cómo era el hombre antes de que la sociedad lo corrompiese. En este estado regían la ley y el derecho naturales.

            El estado civil es la sociedad organizada  con sus leyes convencionales y gobiernos.

            Características del hombre natural:

-El animal humano:
            .Vive aislado, sin sociedad; puede ser una familia rudimentaria.
            .Son individuos fuertes y sanos.
            .La desigualdad existente es física y no política o moral.
            .Su conducta se rige por dos principios: AUTOCONSERVACIÓN Y COMPASIÓN.
-Es un estado de LIBERTAD. Rousseau distingue dos clases de libertad:
            .Libertad natural: capacidad de elegir.
            .Perfectibilidad : capacidad de transformar nuestra vida.
-Es un se dotado de BONDAD NATURAL.
            Pero bondad no puede entenderse en términos morales, ya que si vivie sólo la moral no se da, no tiene sentido fuera de la sociedad.
Opuesto a Hobbes y al pecado original.


5.-Abandono del estado de naturaleza.

 El hombre encuentra ventajas en vivir unidos para defenderse de peligros externos.
            Así se desarrollan lazos afectivos.
            Tras ellos surge la propiedad privada, y el sometimiento de unos por parte de otros; se desatan las pasiones violentas latentes, y se acaba en un estado de guerra de todos contra todos.
            Se hace entonces necesaria la sociedad civil  con sus normas y sus leyes para regular la vida en común.
.
6.- Contrato social.

            Acuerdo por el cual cada individuo contratante se somete enteramente a la voluntad general a condición de que todo y cada uno de los demás haga lo mismo. Se buscan  las ventajas de la vida de naturaleza y la de la sociedad.

            La VOLUNTAD GENERAL es la surgida por la unión de los individuos y cuyas leyes se aplican a todos por igual. Es la CONCRECIÓN DEL BIEN COMÚN.

            La Voluntad general NO ES:

-La Voluntad de la Mayoría (que puede ser de unos)

-Unanimidad (puede estar movida por intereses particulares)

-Voluntad de todos (o suma de las voluntades de los individuos movido cada uno por su interés)

7.-Formas de gobierno.

            El resultado del contrato social es el CUERPO POLÍTICO, REPÚBLICA O CUERPO MORAL O COLECTIVO.

            Este cuerpo político:
a.- LEGISLA (hace leyes). Así es SOBERANO, y sus miembros CIUDADANOS.

b.- HACE CUMPLIR LEYES. Es así ESTADO y sus miembros SÚBDITOS (pues están sometidos a las leyes).

            La SOBERANÍA es inalienable e indivisible, y por ello Rousseau no cree en la división de poderes.

            El GOBIERNO es la institución encargada de hacer cumplir las leyes. Su función es meramente administrativa y siempre al servicio del soberano.

            El cuerpo del gobierno es designado PRÍNCIPE por Rousseau, y MAGISTRADOS a sus miembros individuales.

            Tipos de gobierno:

1.- DEMOCRACIA: los magistrados son todos los ciudadanos.

 nacidos en el lugar, etc.), por haber sido elegidos o por herencia.

2.-ARISTOCRACIA: no todos los ciudadanos son magistrados. Sus miembros pueden serlo por una razón natural (ancianos,

3.- MONARQUÍA : El soberano es el único magistrado.

            Para Rousseau, “en general, el gobierno democrático conviene a los pequeños estados, el aristocrático a los medianos y la monarquía  a los grandes”.


8.- Ventajas del estado civil.

            Los seres humanos pierden libertad e igualdad naturales, así como la posesión de aquello que apetecen.

            Pero ganan libertad civil y moral y el derecho a la propiedad.


HUSSERL


1.- DEL SIGLO XIX AL XX.

            En este cambio de siglo, con la pujanza de la ciencia comienza a cuestionarse la validez de la filosofía como generadora de visiones ajustadas de la realidad.
Se plantean las relaciones entre la filosofía y la ciencia:
1.- Para el POSITIVISMO, sólo las ciencias particulares son fuente de conocimiento del mundo, mientras que la filosofía se queda en generalidades que carecen de un campo propio de estudio.
El positivismo irá más lejos con su pretensión de sacar a la metafísica de los saberes positivos, introduciendo dos tesis complementarias:
-          los problemas metafísicos son insolubles por principio.
-          Estos problemas son pseudoproblemas o problemas mal planteados.

Estos son los manifiestos programáticos del neopositivismo del Círculo de Viena, que culminan con su búsqueda del lenguaje unificado de la ciencia (fisicalismo). Desde su punto de vista, la filosofía sólo es posible si se hace analítica.

2.- Otra corriente diferente es la que habla que la función de la filosofía es despertar en el hombre la conciencia del ser que trasciende a todos los seres y lo sustentan.Los neopositivistas niegan a la metafísica – ciencia general del ser – la posibilidad de ser ciencia, ya que carece de campo peculiar y propio.
La fenomenología , entonces, intenta hacer de la filosofía una actividad científica con ámbitos propios de actuación.
La  fenomenología  surge con Brentano y su intencionalidad de la conciencia.


2.- HUSSERL

            Nació en Moravia en 1859. Estudió matemáticas y fue discípulo de Brentano, quien en 1874 publica Psycologie von Empirischen Standpunkt , en la que establece que el campo de la psicología  son los fenómenos psíquicos y no el alma. También habla de que la conciencia es intencional, siempre es conciencia “de” algo, y ese algo es lo que le interesa a la conciencia, no la existencia extramental del objeto. Brentano considera estos objetos como inexistentes.
Entre las obras de Husserl destacan:
-          Filosofía de la aritmética. (1891)
-          Investigaciones lógicas. (1900)
-          La filosofía como ciencia estricta.(1911)
-          Ideas para una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica. (1913)
-          Meditaciones cartesianas. (1931).

Husserl siente la filosofía como una responsabilidad del filósofo, que asume una función universal, trascendiendo la propia sabiduría personal, ya que elige unos valores y establece una determinada concepción del mundo.
Desde sus inicios matemáticos a Husserl le interesa el tipo de una verdad fundada en relaciones necesarias que sirva como soporte a toda ciencia y al mismo tiempo la existencia de una conciencia o subjetividad correlativa para la que estas verdades son algo suyo, evidencias actuales.

            Su punto de partida filosófico comienza con  una crítica al PSICOLOGISMO ( intento de reducir todas las ramas del pensamiento  - lógica, ética, etc – a disciplinas psicológicas ,argumentando que la psicología es la ciencia del pensamiento ). Fundamentalmente por ser una ciencia empírica que parte de hechos, ya que Husserl entiende que la ciencia ha de serlo de lo universal y necesario.
Según Husserl, la palabra “pensamiento” se refiere a dos realidades:
1.- Actividad psíquica . Los actos psíquicos son individuales, dependen de las circunstancias, acaecen, son hechos, son el caso. Estos actos están afectados por el tiempo.
2.- Objetos ideales, de los que hablan las distintas concepciones filosóficas. Estos objetos ideales tienen validez universal, pues no tienen nada que ver con los hechos y no son afectados por el tiempo. Ej: principio de identidad o no contradicción, cuyo conocimiento es intuitivo, evidente y de validez universal.

            En Husserl también encontramos una crítica al POSITIVISMIO, sobre todo de algunos aspectos como su relativismo (trata de hechos cambiantes), que pouede desembocar en escepticismo. Critica su naturalismo o intento de reducir todo, incluida la conciencia, a fenómenos naturales.

            La FENOMENOLOGÍA es el método que diseña Husserl  para describir estos objetos. La fenomenología , para volver a las cosas mismas sin ningún tipo de contaminación (prejuicios, experiencias previas, etc), debe partir de evidencias, objetos ideales que no son hechos de conciencia.
El método fenomenológico pretende poner en claro las presuposiciones acerca de los objetos; este método es la descripción de la conciencia.

            El término fundamental de la conciencia es su intencionalidad (herencia de Brentano), o la relación interna con el objeto considerado como intencional en el fenómeno psíquico. Para husserl la conciencia no es una pura experiencia, sino un flujo de vivencias.
La intencionalidad posibilita a la conciencia el ser a la vez conciencia de sí misma
(reflexividad) y de lo intencionado por ella. Estos objetos que aparecen a la conciencia son llamados FENÓMENOS.

            La intencionalidad es bipolar, distinguiéndose:

1.- NOESIS o acto intencional en cuanto llevado a cabo. Es la intencionalidad propiamente dicha. Sus actos (pensar, recordar, imaginar, etc.)son las diferentes formas que tiene la conciencia de "referirse a" y son las condiciones de posibilidad de que algo se de a la conciencia.

2.-NOEMA o aquello a lo que se refiere en cuanto intencionado. Son los diversos aspectos con que se da un objeto, y es diferente para cada noesis.
           
Hay una correlación noesis-noema.

            Toda intencionalidad tiende a la evidencia, la multiplicidad de las formas intencionadas se  en la esencia de la vivencia.Pero nuestra relación con las  cosas está mediatizada por nuestra vivencia de ellas; vivimos en las cosas, tenemos prejuicios, conocimientos previos y experiencias pasadas que nos impiden vivirlas como evidencias. Para "descontaminarlas" y poder acceder a las cosas mismas propone Husserl su REDUCCIÓN en 3 pasos:

1.- Reducción fenomenológica. Para volver a las cosas mismas, el primer paso propuesto por Husserl es la epojé o su pensión del juicio existencial. Ponemos entre paréntesis la existencia del acto. Tratamos de quedarnos con la cosa tal como se nos presenta sin hacer ningún tipo de valoración acerca de su existencia. Percibir es percibir algo como existente, y me abstengo de enjuiciar esta creencia en la existencia de lo percibido.
Esta reducción es un resto de positivismo, ya que en esta corriente de pensamiento también se niega  pronunciarse sobre la existencia de fenómenos.

2.-Reducción eidética. Consiste en despojar al fenómeno de toda materialidad hasta quedarnos con su esencia universal. Estas esencias se nos dan en una intuición.

2.- Reducción trascendental. Ponemos entre paréntesis la existencia de la propia conciencia empírica, tras lo cual sólo queda la conciencia pura o trascendental y las esencias.




            Con esta última reducción fenomenológica alcanzamos la "conciencia pura", o sea, las vivencias y su yo trascendental, ya que ambos no son puestos, sino vividos. Esta reducción hace posible explicitar la estructura del correlato intencional en la relación noesis – noema.

            Se puede establecer una correlación entre la epojé de husserl y la duda metódica cartesiana, aunque Husserl va más allá y también opone entre paréntesis al mismo yo.

            El idealismo de Husserl no viene sólo de su uso de la epojé, sino que le viene de intentar deducir la conciencia de yo trascendental y hacer la realidad del mundo dependiente de tal conciencia. Esta orientación se ve claramente en Meditaciones cartesianas,  de 1931.